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Luis Alberto Arango
Puntos de vista

La IA no reemplazará programadores

La IA no eliminará al programador de software: desaparecerán quienes no aprendan a trabajar con ella.

Por: Luis Alberto Arango

En los últimos meses se ha repetido la idea de que “cualquiera puede programar” gracias a la Inteligencia Artificial. Decidí ponerlo a prueba con un caso real y concreto: una empresa pequeña que lleva en Excel el control de los préstamos que realiza y que quiere migrar a una plataforma más robusta. Evalúan si desarrollarla ellos mismos utilizando Inteligencia Artifical, sabiendo que tienen un conocimiento precario en programación, o contratar una compañía especializada para su desarrollo o adquirir un producto de software estandarizado que ya exista en el mercado.

El martes pasado decidí que esa sería mi tarea de la noche: desarrollar, en unas horas, un software para administrar esos préstamos, utilizando IA como apoyo. Soy administrador de empresas, no soy programador, aunque tengo nociones de programación para acometer la tarea.

Mi punto de partida fue que la empresa tiene licencias de Office 365 de Microsoft, así que opté por utilizar Access como base de datos, con programación de formularios integrada. Le di el contexto y los requerimientos a ChatGPT 5.0, revisamos las dudas y me presentó una propuesta de código. Hasta ahí, todo bien. Pero al empezar a implementarlo, Access mostraba errores. Era la cruda realidad que no cuentan los titulares que romantizan con la IA.

“Era la cruda realidad que no cuentan los titulares que romantizan con la IA”.

Cada vez que reportaba un fallo, ChatGPT respondía “Me equivoqué, en Access no se usa este parámetro sino este otro” o “Esta sintaxis no aplica, probemos de otra forma”. Desde el inicio, la IA sabía que trabajaríamos con Access, por lo que habría esperado que la sintaxis y parámetros estuvieran libres de errores. El resultado fue una larga secuencia de correcciones y reintentos.

Para quienes tengan interés en la parte técnica, el trabajo implicó crear la estructura de varias tablas de datos mediante código de Visual Basic generado por la IA, establecer relaciones entre ellas a través de índices simples y compuestos —para garantizar la integridad de la información—, construir formularios conectados con sus respectivas tablas y dejar preparada la base para integrar funciones avanzadas propias de un software de administración de préstamos. Todo este proceso se desarrolló siguiendo las indicaciones de la IA.

No revisé en profundidad si los cálculos para proyecciones de cuotas o la lógica para aplicar abonos —ya sea para reducir plazo, cuota o ambos— eran correctos, pues el objetivo no era validar la exactitud de la solución, sino comprobar hasta dónde podía avanzar un desarrollo de este tipo con apoyo de la IA.

En cuatro horas logré una aplicación funcional, pero no me atrevería a ponerla en producción, incluso si tuviera más días para refinarla. La razón es que la cantidad de fallas en la implementación, debido a errores en los archivos generados por la Inteligencia Artificial, minan la confianza de construir un software fiable.

“El resultado fue una larga secuencia de correcciones y reintentos”.

En manos de un programador experimentado, este mismo proyecto habría avanzado más rápido, con mayor robustez y confiabilidad, y seguramente estaría listo para usarse tras unas pocas jornadas de pruebas y mejoras.

Por eso, a la empresa le recomendaría adquirir un software ya desarrollado o, si requiere funcionalidades muy específicas, contratar una firma de desarrollo con ingenieros de carne y hueso. Ese equipo, sin duda, también aprovechará la IA, pero contará con la experiencia y criterio técnico necesarios para entregar un producto sólido y escalable.

La Inteligencia Artificial es un acelerador, no un reemplazo. Permite avanzar más rápido, pero solo si se domina la materia. El problema no es que la IA se equivoque —porque lo hará—, sino carecer de las competencias técnicas para detectar y corregir esos errores. En programación, eso significa arriesgarse a producir algo que “parece funcionar” pero que, en realidad, puede ser frágil e inseguro. Quien sepa integrarla a su trabajo tendrá una ventaja decisiva; quien no, quedará rezagado.

“Quien sepa integrarla a su trabajo tendrá una ventaja decisiva; quien no, quedará rezagado”.

Por eso, la idea de que la IA hará innecesarios a los programadores aún está lejos de cumplirse, al menos en el corto plazo. Lo que sí es cierto es que los profesionales que no aprendan a trabajar con estas herramientas perderán competitividad. Los reemplazados no serán quienes sepan programar, sino quienes ignoren cómo la IA puede potenciar su labor. Las grandes tecnológicas lo han entendido: Google y Microsoft, por ejemplo, afirmaron recientemente que alrededor del 30 por ciento de su código ya se genera con IA, pero aun así requieren revisión y validación humanas.

Esta experiencia me deja un mensaje claro: la Inteligencia Artificial no elimina la necesidad de habilidades técnicas, las potencia. El verdadero riesgo de perder el empleo está en no saber usarla.

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Mi e-mail es: columnaluisarango@gmail.com.

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