Ir al contenido principal
Marta Orrantia
Puntos de vista

Putrefacción

Yo no sé si siempre fuimos así, o es que nos hemos venido degenerando. Tal vez es que hemos visto tanto horror que hemos perdido la sensibilidad. Hemos visto tanta muerte, tanta tristeza, tanta violencia, que ya nada nos espanta. 

Esta semana ocurrieron dos cosas que me sacudieron el alma. La primera fue el secuestro de Diana Ospina. Salió a las dos de la mañana de una discoteca en Bogotá en un taxi que, después de hacerle el 'paseo millonario', la vendió. Parece increíble. La vendió a una banda con mayor capacidad de extorsión, para ver si podían sacar algo más de la familia. Me pregunto qué les pasa por la cabeza a estas personas que son capaces de cometer actos así de aberrantes. 

Gracias a la presión ciudadana, a las redes sociales, a que se activaron todos los mecanismos de búsqueda, la segunda banda se asustó y sus miembros decidieron liberarla. La dejaron descalza, confundida y aterrada, en un paraje solitario cerca de Choachí, donde corrió por media hora porque nadie se detenía a auxiliarla. 

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales