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Juan David Correa
Puntos de vista

Los medios, el miedo y nosotros, los mismos

¿Continuarán los medios corporativos con su programa de desprecio y estigmatización contra la izquierda o serán capaces de entender que Colombia comienza a alcanzar la mayoría de edad, y su tesis de que aquello que no pertenezca a los sectores empresariales y políticos hegemónicos —que representan sus intereses— es guerrillero, ilegítimo o simplemente extremista, comunista, proiraní o castrochavista? ¿No les alcanza la imaginación para entender que Colombia cambió y que aquellos que les parecen arrimados hoy alcanzan las mayorías del Congreso de la República, y tienen altas opciones de elegir a Iván Cepeda como presidente? ¿No entendieron el mensaje de estos tres años y medio cuando, en medio de las tormentas, el caos, la corrupción de siempre, este Gobierno abrió las compuertas del poder a miles de personas que jamás habrían podido ocupar lugares que parecían destinados a una élite que, más allá de linajes inventados, se ha hecho a punta de un pacto de clase social, ¿arribismo y rentas legales o ilegales? 

El domingo 8 de marzo, después de las cuatro de la tarde, prendí la radio mientras realizaba mi tarea como jurado de votación. Una hora pasó y sentí la excitación de las voces que allí hablaban por la “maravillosa”, según su propio adjetivo, victoria de Paloma Valencia y la gran votación del Centro Democrático en la Gran Consulta por Colombia. Los sentía fascinados, relamiéndose ante la derrota de las demás consultas, como si celebraran algo que ellos y ellas mismas han negado tener estos tres años largos: ideología, pasiones, afectos, emociones y un sentimiento de clase que no quieren perder, cueste lo que cueste. 

Pasaron otras dos o tres horas, y la votación del Pacto Histórico alcanzaba cotas altísimas que lo mostraban como la primera fuerza política del país. Clanes aparte —que los hay en todos los partidos, movimientos y lógicas políticas— no se mencionaba a la gente que había salido desde temprano a votar en municipios como Guapi, La Llanada, Cascajal o Viotá, por poner lugares diversos, en los cuales las fuerzas populares habían conseguido vencer aun cuando el candidato Iván Cepeda, que debió estar en la consulta del Frente Amplio, hubiera sido sometido a una injusticia mayúscula que se recordará por siempre, gracias a ese Frankenstein perverso que es el Consejo Nacional Electoral. 

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