
Hoy, hablar de igualdad parece algo normal, pero antes no era así. Hasta hace menos de un siglo, la subordinación de las mujeres en los ámbitos público, económico y político era parte de la estructura social. Gracias a las luchas de los movimientos de mujeres, hoy contamos con derechos fundamentales como el voto, el acceso a la educación, a la administración de nuestros bienes y la autonomía para decidir sobre nuestro propio futuro.
El feminismo no solo ha reclamado derechos. También ha transformado la manera en que las mujeres somos reconocidas en la sociedad. Hablar de igualdad implica entender que los derechos no pueden estar sujetos al género y que una democracia solo es plena cuando las mujeres podemos ejercer nuestra ciudadanía en condiciones reales de igualdad en la vida cotidiana.
Sin embargo, aún nos falta mucho camino por recorrer y ahora se le suma la defensa de lo que ya hemos conseguido.
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