
Hay historias y procesos ciertamente conmovedores sobre el significado de las bibliotecas públicas para los habitantes de una ciudad, de un municipio o de una comunidad rural. Millones de lectores y escritores se han formado en estos espacios que, como los llama una bibliotecaria amiga, “son el lugar de quienes no tienen lugar”.
Hace veinticinco años se creó en Bogotá un proyecto que muchos hemos celebrado desde que, en 1998, se comenzaron a construir las megabibliotecas de El Tintal, El Tunal y el parque Simón Bolívar, llamada Virgilio Barco. Así como he sido crítico del proyecto neoliberal en su conjunto, debo decir que la alcaldía de Enrique Peñalosa tuvo el acierto de invertir dinero, tiempo, y voluntad para que, en 2001, se creara la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá, BibloRed, que hoy cuenta con, según su página, ciento cincuenta espacios de lectura en la ciudad: doce estaciones de lectura en Transmilenio, un BibloMóvil, la Biblioteca Itinerante TIKA, noventa y cinco Paraderos Paralibros Paraparques, cuatro salas de lectura y una biblioteca digital para la ciudad y treinta y una infraestructuras de mediano tamaño y otras más amplias como las bibliotecas Julio Mario Santodomingo y la Carlos E. Restrepo.
Gracias a ese empeño, Bogotá y el país comenzaron a reconocer el valor social de las bibliotecas: se creó un Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas que de manera encomiable llevó infraestructuras y colecciones a la totalidad de los municipios colombianos, y se fortaleció el sistema de librerías independientes; surgió, tras la de los ochenta y los noventa, una nueva ola de editoriales independientes; se vigorizó la Feria Internacional del Libro de Bogotá; se creó el programa Libro al Viento, de circulación gratuita en el transporte público; la ciudad fue reconocida como Capital Mundial del Libro (2007); y la red de Bibliotecas Públicas se articuló a todos esos empeños que han convertido a la lectura y su promoción en una de las actividades sociales y económicas de la ciudad y del país, y el horizonte de sentido para muchos jóvenes y ya no tan jóvenes que han crecido dentro de ese sistema siendo bibliotecarias, promotores de lectura en los PPP, las bibliotecas comunitarias o los programas nacionales coordinados por la Biblioteca Nacional de Colombia.
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