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Maurice Armitage
Puntos de vista

El valor de la decencia

A Leslie Armitage, mi padre, sí que le tocó sufrir en carne propia el horror de la violencia. Él fue un soldado inglés que por cuatro largos años combatió en la Primera Guerra Mundial y luego estuvo convaleciente un año más, recuperándose en un hospital ruso durante un fuerte invierno, porque le hirieron la pierna derecha y tuvieron que implantarle una platina en la rodilla para que volviera a caminar.

Cuando por fin lo dieron de alta, tomó la decisión de buscar nuevos rumbos y viajó a Colombia con el fin de comenzar una nueva vida. Entonces desembarcó en Buenaventura, conoció a mi madre en Palmira y formaron su hogar en Cali. Con los años entendí que no es que él fuera un hombre de pocas palabras sino que tenía depresiones por los rezagos de la guerra. Sin embargo, nada de lo que le tocó vivir le impidió inculcarme el valor más importante: la decencia.

La misma decencia que está escaseando en esta contienda electoral. Los primeros que deberían estar a la altura de las circunstancias son algunos candidatos presidenciales, quienes en vez de atacar a la prensa y a sus contendores, tendrían que comprometerse a no fomentar la rabia, el odio y la mentira, ya que lo que más se necesita es serenidad. Pero prefieren las agresiones a la tolerancia, pues en el fondo no están pensando en el país sino en el poder. Y eso es peligrosísimo.

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