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Juan David Correa
Puntos de vista

Del otro lado del espejo

No hay recetas para combatir el poder de los algoritmos. No hay regulación decidida que promuevan los Estados nacionales —en crisis profundas como concepto— y eso plantea nuevos desafíos. La batalla cultural de nuestra época consiste en oponerse al aceleracionismo y a la ilustración oscura, credo de los tecnofeudalistas que piensan que nuestro futuro debe ser la absoluta deshumanización y dependencia de las máquinas y una pequeña élite de oligarcas. Una ideología que nació de un proyecto pseudoanarco poscapitalista, en la Universidad de Warwick, cuyo principal ideólogo es Nick Land. El proyecto es destruir la democracia. Y ganar elecciones para dominar con vastos mecanismos de manipulación. 

El domingo, Colombia vivió la segunda vuelta presidencial y los resultados del primer preconteo dieron como ganador a Abelardo de la Espriella por una diferencia de 250.000 votos frente a Iván Cepeda. El presidente Gustavo Petro y el candidato del progresismo pidieron esperar los resultados de los escrutinios oficiales, habida cuenta de la estrecha diferencia de menos de un punto porcentual. A las seis de la tarde, los medios de comunicación y las redes sociales controladas por el candidato iliberal dieron por presidente a De la Espriella. El hecho político se consumó y ya nada tendría una resolución distinta a la de una impugnación hecha por miles de ciudadanos y abogados voluntarios. Millones aceleraron el mensaje. El lunes el mundo amaneció publicando noticias sobre el nuevo presidente de Colombia. El miércoles, en un gran discurso, Iván Cepeda aceptó los resultados con firmeza, no sin advertir que además de estar dispuesto al diálogo y la concertación, se presentaron hechos que seguirán siendo materia de discusión, como la evidente injerencia de los Estados Unidos en la campaña, y la masiva compra de votos.

Donald Trump celebró primero y después dijo con sorna que De La Espriella era su creación: “Iba décimo y ahora es presidente gracias a mí”. Milei escupió en sus redes “¡Viva la libertad, carajo!”. La promesa de que todos los individuos podrán ser dueños de su destino evidentemente omite que, para que ello ocurra, hacen falta menos humanos. Y entonces no importará prescindir de muchos de ellos para que quizá se conviertan en biodiesel, como dice Curtis Yarvin, uno de los gurús y consejeros de esta religión que se tomó nuestra mentalidad de época desde la Casa Blanca.

El tablero conformado por Donald Trump para su estrategia continental tiene una nueva marca: Colombia, el más estratégico de los territorios de América, ahora ha pasado a ser parte de sus dominios. Hay recursos naturales que le interesan: minerales raros y oro. Después de Argentina, Bolivia, Ecuador, probablemente Perú, Venezuela intervenida, y en la mira Brasil, ha copado con el Escudo de las Américas, nuestro continente. Ya lo hizo con Honduras, y cuenta con El Salvador. Persiste una fuerte presión sobre México, y Cuba está muriendo de hambre debido a un bloqueo brutal.

Técnicamente aún es posible salir del agujero, pero en gobiernos iliberales o llamados libertarios como el que tendremos, la desregulación total y la doctrina del shock, hará que se retrase el escape. La contracultura y el progresismo y los verdaderos demócratas debemos entender que se trata de establecer una nueva alianza: lo político ya no se puede imaginar sin una estructura de comunicación real.

El superhombre como deseo libidinal ha aparecido en una urna de cristal. Ha rugido. Y ha dicho que respetará a quienes piensen diferente a menos que osen contradecirlo. Y que, si lo hacen, ya saben cómo muerde. Y de qué es capaz. Su campaña se hizo en un mundo que creemos conocer pero que no controlamos.

La campaña de Iván Cepeda lo intentó todo en las últimas tres semanas y lo hizo posible. Fue un esfuerzo enorme. Quienes concebimos la campaña desde lo colectivo, quizás anacrónico para muchos, lo hicimos sabiendo que allí, en la experiencia de la ocupación, de la autogestión, de la resistencia a través del arte y de experiencias de décadas anteriores, había una pequeña clave de oposición al sentido común de la tecnología de manipulación que, después y durante la pandemia, ha sido una de las armas más poderosas para las contiendas políticas.

Asistimos estos meses a una enorme campaña de manipulación, noticias falsas y mentiras que se repitieron el suficiente número de veces para crear un marco mental muy efectivo para derrotar al proyecto progresista. Se eligieron dos enemigos: el presidente Petro y las FARC. Con ello, se coparon espacios cotidianos, se activó la conversación, se propagó el mensaje. Y con mucho dinero se logró el objetivo. Es verdad que no se puede generalizar que cada voto proviene de allí, pero ya ha sido probado en otras campañas, como las de los presidentes acá citados, cómo funciona el asunto. 

Las clases medias liberales vieron justificado su voto castigo, que para su pequeña tranquilidad durará poco, pues son uno de sus principales enemigos. Los votantes tradicionales de derecha, a través de la promoción de la idea de salvar la patria, y la religión del comunismo y el satanismo, se sintieron cerca de la candidatura de De la Espriella, que entendió que un vicepresidente como José Manuel Restrepo, parte de sectores radicales católicos, era estratégico. En el 80 por ciento de nuestra geografía, donde se concentra el PIB, además de los lugares más conectados a la red, De La Espriella ganó la elección. 

Si se examinan sesenta y cinco likes de una persona, dice el filósofo José Antonio de la Marina, se puede saber por quién va a votar o cómo influir en su voto. Vivimos en tiempos de carencia de juicio, y nos dejamos llevar por impulsos emocionales que no nos permiten el pensamiento crítico. “En el mundo espejo —dice Naomi Klein— siempre hay un trozo de verdad mezclada con mentiras, siempre una devastadora herida social que es explotada de manera oportunista”.

La guerrilla es esa devastadora herida social para muchos colombianos. Fueron ocho años de uribismo en los cuales el enemigo interno nos devoró la mentalidad como sociedad. Desde allí se justificaron los crímenes paramilitares que hoy han tenido condenas por parte de la justicia. 

Los niños comenzaron a rugir como tigres. El tigre se volvió una conversación, una broma: el malo era Cepeda. El binarismo es una estrategia efectiva: la libertad versus el eje del mal. Se salva la patria contra quienes quieren robársela.

Como vivimos aislados en nuestros algoritmos no podemos ver el otro lado del espejo: los aceleracionistas tienen ejércitos de trabajadores promoviendo tendencias, abriéndoles camino a sus relatos y pensando cómo y qué ofertar a quienes viven sus vidas, como casi todos, sumergidos en este mundo especular sin profundidad, que nos captura hasta hacernos seres sin movimiento ni cuerpo.

A eso lo llaman una campaña de marketing perfecta, de manera ofensiva, que va a devorar el mundo si no entendemos que allí está, en parte, la respuesta. Esa es la nueva política que proponen. Todo movimiento, sin embargo, tiene una respuesta mientras haya humanidad organizada: no es hora de abandonar la comunidad, hay que seguir habitando las calles, defender las conquistas sociales de este Gobierno y comenzar a entender que libramos una batalla por captar la atención de quienes viven, literalmente, en otro lado. Allí, en ese espejo sin reflejo.
 

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