
Entre la primera y la segunda vuelta electoral, Ángel Beccassino, luciendo un anticuado sombrero de forajido de spaghetti western, recorrió los platós de la televisión colombiana mostrando los “errores” de la campaña del Pacto Histórico. Beccassino, un hombre inteligente, no explicó las razones por las que Roy Barreras —candidato perfecto según su baremo de mercadotecnia— no tuvo mayor recorrido en las urnas a pesar del jugoso cheque que cobró para convertirlo en presidente de Colombia. Para transformar a un padre de familia en payaso de una fiesta de cumpleaños sólo se necesita un estuche de maquillaje, una peluca, una bola de ping-pong y algo de ropa vieja. Más difícil es maquillar la realidad. La realidad de Colombia.
De la noche a la mañana aparecieron de la nada millares de “expertos” en marketing político y algoritmos, señalando los yerros de la campaña presidencial del Pacto Histórico. Si el resultado hubiera sido otro, los “expertos” destacarían lo contrario. La realidad, Viejo Topo, no es un invento. Sacar un candidato de la chistera —como hace el mago con su conejo—, y convertirlo en presidente mediante el simple arte de la mercadotecnia, es mera ingenuidad. La historia del individuo cuenta, lo mismo que la realidad presente. Petro, Cepeda y Quilcué no son un algoritmo ni el invento de un genio del marketing: son una realidad política levantada ladrillo a ladrillo durante años, luchando contra viento y marea, jugándose la vida en callejones oscuros, nadando en aguas correntosas por las que bajaban cadáveres. No son un “producto” o una “prenda”, como nos quieren hacer creer algunos comentaristas de mal agüero que sólo subrayan, luego del resultado electoral, los defectos de Petro, Cepeda y Quilcué.
Durante los últimos cuatro años hubo dos realidades en Colombia: el petrismo sociológico que expliqué para esta revista en sendas columnas (Uno y Dos), y el antipetrismo. Sobre estas dos realidades se edificaron las correspondientes candidaturas con su respectivo storytelling. Mejora salarial, entrega de tierras, matrícula cero, bono pensional y la dignificación de los soldados y policías fueron parte del relato gubernamental. La oposición, por su parte, puso el dedo en la llaga de la corrupción, la situación sanitaria, el orden público y la retórica beligerante de Petro. El pasado 21 de junio Abelardo e Iván consiguieron unos guarismos más o menos parejos. Una especie de empate técnico, empleando el lenguaje de quienes se ganan la vida realizando encuestas.
Más que los casos de corrupción, la inestabilidad en los ministerios y la pugnacidad dentro del aparato de gobierno, lo que más daño le hizo al gobierno liderado por Petro —por añadidura a la candidatura de Iván Cepeda— fue la nihilista y brutal violencia desatada por los grupos armados que escupieron la mano que le extendió el Gobierno de cara a completar una paz inconclusa. Desde comienzos de enero hasta la víspera de la primera vuelta para elegir presidente, todos los grupos armados, sin una explicación lógica, empezaron a matarse entre sí, pero especialmente a matar a civiles indefensos en regiones de Antioquia, Catatumbo y el occidente del país. “De aquellos polvos vienen estos lodos”, reza el refrán: la acción homicida de los grupos armados fue el motor más eficaz para que la candidatura de Abelardo tomara impulso. El fantasma del Caguán durante la época de Pastrana empezó a dar vueltas sobre un considerable segmento de la población adulta que vio en Abelardo —como a Uribe en su momento—a una especie de muñeco salvador que podían comprar por internet.
Las elecciones son “clavo pasao” como decían en la vieja Barranquilla. Lo que fue, fue. La izquierda republicana no puede quedarse observando infinitamente un cadáver como ocurre en Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, el célebre óleo de Rembrandt, mientras que 12, 7 millones de votantes siguen compitiendo por la vida. Es bueno que el Pacto Histórico revise su estrategia, la organización, la relación con los aliados, la comunicación, la formación, los cambios sociológicos, la regeneración de ideas y alguna cosa más, pero sin empecinarse en búsquedas que sólo traen daño al cuerpo político. En el museo El Prado de Madrid, Viejo Topo, hay dos cuadros que siempre me detengo a observarlos en detalle: La extracción de la piedra de la locura , el óleo sobre tabla realizado por El Bosco y El Cirujano o La extracción de la piedra de la locura, del pintor flamenco Jan Sanders Van Hemeseen. La piedra de la locura nunca existió. Los líderes, integrantes y votantes del Pacto deben evitar las polémicas insufribles. No hay tiempo que perder. Las elecciones locales están a la vuelta de la esquina. Para entonces, el Gobierno de Abelardo será más de lo mismo con los mismos. “A luta continua”, arengaban los patriotas de África occidental durante la ocupación portuguesa.
El mundo no se acabó el pasado 21 de junio. Fue la primera vez en que se obtuvo y perdió un gobierno por la vía de las urnas. La izquierda republicana, opuesta radicalmente a la violencia, debe asumir sin paliativos que la alternancia es inherente a la democracia. Los gobiernos no son para eternizarse, sino para transformar la realidad de millones de excluidos y ofrecer una opción de vida decorosa a millares de jóvenes, cuya existencia —vivienda, ocio, trabajo, hedonismo, alimentación y anhelos— está basada en el presente, porque el futuro que recrean a través de sus ordenadores, tabletas y smartphone se perfila como el apocalipsis que padecen los personajes en las series The last of us, El cuento de la criada o El colapso. La lucha no sólo es por agua potable, comida y electricidad, sino también contra el tecnofascismo, ese modelo de gobierno que acentúa la crisis climática y anula la libertad.
Apunte uno: Mis respetos por los millares de colombianos y colombianas que, dentro y fuera del país, se entregaron con mística y entusiasmo a la campaña por la vida. Tomen un descanso para recobrar fuerzas. Recomiendo este fin de semana, sobre todo a los votantes de Abelardo, la película Orwell 2+2=5 dirigida por el laureado cineasta y exministro de cultura haitiano Raoul Peck, autor también del documental Lumumba, la muerte de un profeta, el héroe que descubrieron los aficionados del futbol a través de la selección absoluta de la República Democrática del Congo.
Apunte dos: Como en 1812, un terremoto se ceba contra Venezuela. Es como si el destino y la naturaleza fueran el preámbulo de algo qué va a suceder en el hermano país. El terremoto de 1812 frustró la Primera República capitaneada por Simón Bolívar. ¿Qué traerá para Venezuela el terremoto de 2026? Solidaridad y apoyo material a la gente venezolana.
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