
La mejor definición sobre Abelardo de la Espriella la dio Ernesto Samper en una entrevista con María Jimena Duzán: es una empanada sin relleno. Un cascarón al que le cabe cualquier cosa por dentro: ser ateo o cristiano, abogado o empresario, político o tenor de ópera, actor de cine o soldado de plomo. Dado que es el candidato que puntea las encuestas, es inevitable preguntarse cómo llegó hasta aquí. Por lo menos yo, que no creo en los milagros, tengo varios interrogantes y una que otra intuición conspirativa.
Recapitulemos lo que sabemos de este personaje y su leyenda. Proviene de una familia de ‘riquitos’ de pueblo, en Córdoba, lo que en buen colombiano quiere decir ganaderos, negociantes y cargos públicos. Su padre fue magistrado y en dos ocasiones notario por cortesía de Álvaro Uribe Vélez. En términos generales, y contrario a lo que proclama en campaña, su origen no está en los ‘nuncas’ sino en los de siempre, la élite de provincia caribeña con vínculos políticos.
En 2004, siendo un ‘pelao’, creó su bufete De la Espriella Lawyers, al tiempo que la Fundación Iniciativas de Paz (FIPAZ), que hacía activismo en sectores estudiantiles a favor del proyecto paramilitar. Según una columna de Daniel Coronell publicada en 2006, esta ONG buscaba el reconocimiento de los miembros de las AUC como actores políticos del conflicto armado, lo cual los blindaría contra la extradición. Incluso, la Fundación habría llegado a proponer un referendo para evitar que nacionales fueran juzgados en Estados Unidos. ¡Como nos cambia la vida!
Aunque varios jefes paramilitares mencionaron a FIPAZ como parte de su entramado ideológico, político y económico, las investigaciones contra De la Espriella fueron precluidas el 9 de junio de 2009. Apenas unas semanas antes de que el fiscal Mario Iguarán, muy cercano al ahora candidato, dejara el cargo.
Ya sabemos que Abelardo se dedicó a defender a figuras del entorno mafioso y que varios de estos pleitos terminaron a su vez en denuncias y nuevas querellas entre defendidos y abogado. Sus clientes más ilustres fueron David Murcia, otro rey Midas caído; y Alex Saab, ficha clave del proyecto económico del ala más corrompida del chavismo.
Como cobraba por hora, sus honorarios eran exorbitantes. Entre medio millón y tres millones de dólares por caso, según sus propias palabras. Así fue construyendo su fortuna y una marca propia: De la Espriella Style, un mercadillo que mezcla lo popular con lo aspiracional, el ron con la ópera, el vallenato con Botticelli. El resultado es una especie Berlusconi criollo, con rasgos de Jay Gatsby y Nayib Bukele.
Adquirió la nacionalidad italiana por derecho de sangre, y la estadounidense por elección en 2023, previo juramento de lealtad absoluta a ese Gobierno. Un año después, sin embargo, se fue a vivir a Florencia, Italia, donde, por cierto, gracias al acuerdo de doble tributación firmado con Colombia, los millonarios pueden obtener un amplio beneficio en el pago de impuestos. Más que el certificado médico que exhibió con orgullo en estos días, me hubiese encantado ver sus declaraciones de renta. En plural.
Estando en la cuna del Renacimiento tuvo la epifanía de salvar a Colombia de las garras del comunismo. No le resultó difícil sacrificar la dolce vita por una aventura política pues, como dijo su esposa Ana Lucía Pineda, “si perdemos no pasa nada… si queremos vamos a Colombia y si no, no”. Claro que el comunismo que corroyó al país estos cuatro años tuvo el extraño resultado de hacer menos pobres a los pobres, y más ricos a los ricos que medran en el Estado desde hace décadas.
La revelación que lo impulsó a sacrificarse por Colombia suena como un llamado de la selva, una especie de safari. Me recuerda a cierto rey que salía a cazar elefantes, mientras hacía negocios turbios en el camping. O un reality de televisión a lo Trump, el presidente condenado por 34 delitos.
¿Quién es realmente el autor de este pintoresco personaje?
La llamada nueva derecha es un proyecto global que se caracteriza por impulsar a líderes con rasgos populistas que se presentan como anti- establecimiento, para gobernar a favor del establecimiento. Esa derecha está en su primavera en el mundo entero, pero le tiene especial cariño a nuestro continente, donde tantos añoran las dictaduras y los estados de sitio de otrora.
Después de años de sequía ahora tienen intelectuales destacados, centros de pensamiento reputados, redes financieras internacionales y los algoritmos a su favor. La tras escena de esta nueva derecha no son tanto los partidos conservadores de siempre, sino multimillonarios globales que quieren imponer un libre mercado a ultranza, que no tenga barreras ambientales, humanitarias ni democráticas. La ideología como palanca para los negocios.
Si entre ellos hay gente dedicada a estudiar lo que ocurre en cada país, era obvio que Colombia se configuraba como un mercado para sacar a la venta un producto local con las características del tigrillo. En 2022, Rodolfo Hernández estuvo a punto de ganar la Presidencia con una estrategia basada en las redes sociales, y en un sentimiento básico de hartazgo y repudio a los políticos.
De la Espriella es la marca perfecta para ganar una elección en este contexto que siguió hiperpolarizado. Maneja el espectáculo, la virtualidad y los eslóganes, pero de estructura política, más bien poco. No porque no sea inteligente, que lo es y mucho, sino porque su experiencia es nula en esa materia. Su capacidad para gobernar es una gran incógnita.
Todo lo relativo a los contenidos de su programa lo ha comunicado el candidato a vicepresidente, José Manuel Restrepo, quien manejará las relaciones internacionales, el Gobierno por dentro y… bueno… todo el Gobierno. De la Espriella lo dijo sin pudor en una entrevista en Semana: “yo soy un tipo práctico: si no les gusto yo, voten por José Manuel”. Restrepo no es un moderado. Más bien representa a la derecha dura, anti-regulación, con gran ascendente entre el empresariado más reaccionario de las antiguas y nuevas élites. De cómo se conformó esta fórmula solo conocemos la versión candorosa de una cena donde hubo un flechazo instantáneo.
Muchas de las propuestas de Abelardo de la Espriella son irrealizables, y él lo sabe. Por eso es difícil saber cuál será el relleno que tendrá esa empanada, si es que gana la Presidencia. El autor o autores de este personaje, que se presenta como un milagro, se conocerán más temprano que tarde, si el periodismo hace su tarea. Bueno, si queda periodismo después de un eventual gobierno suyo.
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