
Los electrochoques ya no son como antes
Las imágenes e historias de terror divulgadas en cine y televisión sobre los electrochoques fueron ciertas. Sin embargo, ninguna de ellas se asemeja al procedimiento médico en la actualidad.
Después del pavor que causaron a mediados del siglo pasado los pulsos eléctricos en el cerebro, se han perfeccionado hasta ser altamente efectivos en el tratamiento de casos difíciles de depresión y trastorno bipolar, incluso con ideación suicida y catatonía. Hoy, esta terapia está incluida en el plan básico de salud de los colombianos.
Por: Sara Castillejo
Nathalia Pérez Roldán recibió pulsos eléctricos en el cerebro durante tres semanas seguidas, un día sí y otro no. Su diagnóstico era depresión recurrente sin síntomas psicóticos, y llevaba cuatro años intentando tratamientos, sin mejoría. La decisión de someterla a la electricidad fue de su familia, pues ella misma estaba tan sumida en la enfermedad que ni siquiera opinó. Aquello fue en 2017 y, hasta hoy, Pérez no recuerda nada de las primeras sesiones.
No recuerda la aguja de la inyección en el brazo, ni cuando le canalizaron una vena, ni cuando le pusieron la careta de oxígeno. No recuerda cuando le conectaron los electrodos en la cabeza, ni los ocho segundos que duró la descarga de aproximadamente 90 julios emitida por la máquina Thymatron, ni los siguientes 21, 25 o 35 segundos durante los cuales su cerebro convulsionó. No recuerda nada de eso que, sin embargo, sabe que sucedió.
Lo que sí recuerda es su estado de depresión de entonces. “Yo decía: si siempre me voy a sentir como me siento, no quiero estar en este mundo”. Los pulsos eléctricos fueron un antes y un después en su enfermedad. “Sin querer parecer melodramática, esa terapia me regresó la esperanza que yo ya había perdido”.
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