
En medio de tantas noticias oscuras y preocupantes sobre la campaña presidencial se dio la captura del senador Mario Castaño. Coimas, compra de votos, cuotas burocráticas, estafas, todo un concierto para delinquir tiene en la cárcel al político liberal caldense, uno de los senadores más votados de la nueva legislatura. Además, el consentido de César Gaviria, que, a pesar de su prontuario, insistió en no quitarle el aval. Pero Castaño no solo fue mimado por su partido, también fue un soldado del gobierno de Iván Duque. Y como nada en política es gratis, el gobierno se encargó de pagarle muy bien tanta fidelidad.
Acabar con la mermelada es la promesa incumplida más descarada del gobierno de Iván Duque. La vertiginosa acumulación de poder del senador Castaño en estos últimos cuatro años es prueba de ello. Y es que el gobierno no solo le entregó parte del programa Sacúdete, proyectos para construir infraestructura deportiva y contratos para el desarrollo de vías terciarias, también decidió entregarle la joya de la corona: la revolución de la energía solar colombiana.
En mi columna del 18 de mayo, conté cómo el Gobierno Nacional le habría entregado el control de Gensa (Caldas) a Tonny Jozame y de Dispac (Chocó) a Jorge Hernán Mesa, ambos aliados del senador Mario Castaño y los dos posesionados en 2020. También mencioné los contratos de energía solar entregados a dedo por Gensa, Dispac Y Corpovalle a la compañía HG Ingeniería –HG–, cuyo dueño, el vallecaucano Hernán Alberto García, es muy amigo del senador Carlos Abraham Jiménez. Sin embargo, la corrupción alrededor de la transición energética de Iván Duque y los famosos contratos de paneles solares es mucho más profunda que lo expuesto en mi columna anterior e involucra a toda una red de contratistas.
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