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La eliminación de Brasil en el Mundial de 2026 reavivó el debate sobre el impacto del evangelismo en el fútbol brasileño. Créditos: Reuters
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¿El evangelismo acabó con el 'jogo bonito'? La teoría que surgió tras la eliminación de Brasil del Mundial de 2026

La eliminación de Brasil en el Mundial de 2026 reavivó el debate sobre el impacto del evangelismo en el fútbol brasileño. Créditos: Reuters

La eliminación de la pentacampeona del mundo desató un debate en redes sociales sobre la influencia de la religión en el fútbol. CAMBIO consultó a expertos para, más allá del estigma en las redes sociales, analizar las críticas que han surgido en torno al creciente protagonismo del evangelismo en este deporte.

Por: Silvia Juliana Jaimes Reátiga

Desde la goleada que sufrió en casa Brasil ante Alemania en el Mundial de 2014, la canarinha ha ido olvidando su esencia. El fútbol vistoso, alegre y difícil de vencer se ha convertido en un cúmulo de desastres. De a poco, la magia del jogo bonito, representado en históricos como Pelé, Zico, Garrincha, Ronaldinho, Ronaldo Nazário, entre otros, parece en peligro de extinción.

Por lo que su más reciente eliminación, en el Mundial de 2026, no solo abrió un debate sobre el nivel futbolístico de la selección. También dio paso a una teoría mucho más inusual: que el crecimiento del evangelismo en el país ha transformado esa identidad del fútbol brasileño. 

Más allá del estigma que se ha movido en redes sociales, CAMBIO habló con expertos para conocer por qué ha empezado a circular esta teoría.

La transformación religiosa en Brasil: del catolicismo al evangelismo

El politólogo y consultor latinoamericanista Elvin Calcaño fue uno de los usuarios de redes sociales que se refirió a estas teorías. En la red social X publicó un extenso hilo en la red social X en el que relaciona el auge de las iglesias evangélicas con la pérdida del histórico jogo bonito

En pocos días, la publicación acumuló miles de interacciones y fue retomada por analistas, periodistas y usuarios dentro y fuera de Brasil, convirtiendo una reflexión sobre religión y cultura en una de las teorías más comentadas para explicar el fracaso deportivo.

La hipótesis parte de un hecho difícil de discutir: Brasil ha experimentado una profunda transformación religiosa durante las últimas décadas. Mientras el catolicismo ha perdido peso entre la población, las iglesias evangélicas, especialmente las pentecostales y neopentecostales, han ganado una presencia en distintos ámbitos de la vida pública, desde la política hasta el deporte.

Ese cambio se puede observar en las cifras de los censos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) que muestran una disminución sostenida de la población católica y un crecimiento constante de las iglesias evangélicas en las últimas décadas.

Si en 1990 cerca del 9 por ciento de la población asistía a iglesias pentecostales, para 2021 los evangélicos representaban alrededor del 31 por ciento de los brasileños. Además, las proyecciones del demógrafo José Eustaquio Alves, de la Escuela Nacional de Ciencias Estadísticas del IBGE, indican que, de mantenerse esa tendencia, hacia 2050 los evangélicos podrían convertirse en el grupo religioso más numeroso del país.

Ese cambio también es visible dentro de la selección brasileña. Figuras como Neymar, Alisson, Vinícius Júnior, Endrick o Kaká han expresado públicamente su fe evangélica mediante oraciones antes de los partidos, referencias bíblicas o testimonios sobre sus creencias. 

La teoría que vincula la religión con el fútbol brasileño

Quienes defienden esta hipótesis sostienen que el éxito histórico de Brasil no obedecía únicamente al talento individual de sus futbolistas, sino también a una identidad cultural construida durante décadas. Según esa lectura, el jogo bonito reflejaba una sociedad marcada por la mezcla entre el catolicismo y las religiones de origen africano, una combinación que habría favorecido valores como la creatividad, la improvisación, la alegría y el juego colectivo.

Los defensores de la teoría plantean que la expansión de ciertas corrientes neopentecostales, asociadas a la llamada teología de la prosperidad, habría reforzado una visión más individual del éxito y del reconocimiento personal, en contraste con el estilo colectivo que caracterizó a otras generaciones. Sin embargo, una cosa es reconocer que el país ha cambiado y otra muy distinta afirmar que ese cambio explica los resultados de la selección.

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La derrota de Brasil dio paso a un debate que trascendió lo deportivo y llegó al terreno cultural y religioso. Créditos: Reuters

¿Puede la religión influir en la forma de jugar al fútbol?

Para José Fernando Castrillón, profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, el debate no surge de la nada. En conversación con CAMBIO explicó que la hipótesis surge de una pregunta que muchos aficionados se hacen desde hace años: por qué una selección que sigue reuniendo futbolistas de primer nivel ya no logra reproducir el dominio que tuvo durante buena parte del siglo XX.

Castrillón considera que existen elementos culturales y religiosos que podrían analizarse para comprender la transformación del fútbol brasileño. A su juicio, la forma en que las personas entienden la vida, la comunidad y el éxito puede reflejarse también en la manera como practican el deporte, por lo que no resulta extraño plantear una relación entre los cambios religiosos y ciertas modificaciones en el estilo de juego.

No obstante, advierte que todavía no existen pruebas suficientes para establecer una relación causal entre ambos fenómenos. "Habría que hacer un estudio profundo de esa hipótesis para mirar si realmente se puede comprobar", afirma Castrillón.

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El cambio en el estilo de juego de Brasil es uno de los argumentos detrás de la teoría sobre el declive del jogo bonito. Créditos: Reuters

Para el experto, la respuesta no puede construirse a partir de una visión simplificada del evangelismo. El profesor advierte que bajo esa denominación conviven múltiples iglesias y corrientes doctrinales con diferencias importantes entre sí, por lo que atribuirles una misma forma de entender el deporte o la competencia resulta problemático. "No podemos meterlos todos en el mismo saco", afirma.

"Yo sí creo que uno juega como vive [...] Tanto la fe, las creencias, como la forma de jugar, como el idioma, tienen que ver con una visión del mundo", añade. No obstante, aclara que establecer hasta qué punto esa relación influye en el rendimiento deportivo "tendría que ser un trabajo de una sociología de la religión" que permita comprobar esa hipótesis.

El otro lado del debate: la ética protestante apunta en sentido contrario

Carlos Charry, profesor investigador de la Escuela de Estudios Sociales, Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, considera que la discusión parte de una premisa discutible sobre lo que significa el protestantismo.

En diálogo con CAMBIO, Charry explica que buena parte de la tradición protestante, estudiada por sociólogos como Max Weber, se ha caracterizado precisamente por valores como la disciplina, el esfuerzo constante, el trabajo metódico y el autocontrol.

"Entonces, si pasáramos esa manera de entender la ética protestante al fútbol, uno diría que estas deberían ser personas mucho más disciplinadas, rigurosas y metódicas. Que se rigen bajo unos principios del sacrificio, del saber esperar los resultados que el trabajo, de alguna manera, va a dar”, señala.

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Expertos advierten que no existen pruebas para atribuir el rendimiento de Brasil a las creencias religiosas de sus jugadores. Créditos: Reuters

Desde su perspectiva, el error consiste en asumir que las expresiones religiosas visibles de algunos jugadores permiten explicar automáticamente su desempeño deportivo. Que un futbolista sea evangélico, dice Charry, no significa que juegue de determinada manera ni que esa sea la razón por la que una selección gane o pierda.

Para Charry, el declive del jogo bonito responde a transformaciones del fútbol moderno que van mucho más allá de las creencias religiosas de los jugadores. El deporte ha evolucionado hacia sistemas de juego más físicos, tácticos y colectivos, mientras que la mayoría de las grandes figuras brasileñas desarrollan su carrera en clubes europeos, donde predominan modelos de entrenamiento orientados a la eficiencia y al cumplimiento estricto de funciones dentro del equipo.

Más allá del rendimiento deportivo, ambos expertos coinciden en que la selección brasileña refleja transformaciones profundas que ha experimentado el país durante las últimas décadas.

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Las manifestaciones públicas de fe son cada vez más visibles entre los futbolistas de la selección brasileña. Créditos: Reuters

Brasil sigue siendo el país con mayor número de católicos del mundo, pero la proporción de personas que se identifican con esa religión ha disminuido de forma sostenida desde la década de 1980.

Ese cambio también terminó viéndose en el fútbol. "No podemos olvidarnos de que los jugadores son personas de carne y hueso, que tienen valores, creencias, que reproducen prácticas y que su manera de ver el mundo, que puede estar influenciada por la religión, por el deseo de crecimiento económico, de éxito económico u otras cosas, afecta, afectará sin lugar a dudas, el rendimiento de un jugador y, a su vez, de un equipo", concluye Charry.

¿Una explicación o un chivo expiatorio?

Para el profesor de la Javeriana José Fernando Castrillón, el mayor riesgo de este debate aparece cuando una hipótesis termina convirtiéndose en una explicación definitiva. En momentos de frustración colectiva, como la eliminación de una selección acostumbrada a competir por el título mundial, suele surgir la necesidad de encontrar un responsable.

"En términos sociológicos, cuando hay una derrota se busca un chivo expiatorio", explica. En su opinión, el evangelismo ha terminado ocupando ese lugar dentro de una discusión que también está atravesada por las tensiones políticas y culturales que vive Brasil.

El investigador recuerda que el crecimiento de las iglesias evangélicas ha coincidido con cambios importantes en el panorama político brasileño, donde estos sectores han adquirido una mayor representación pública durante las últimas décadas. Por eso considera que el debate futbolístico no puede separarse completamente de las discusiones ideológicas que atraviesan al país.

Sin embargo, insiste en que esa lectura no autoriza a responsabilizar a una comunidad religiosa por el rendimiento deportivo de un equipo.

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La eliminación de la Canarinha provocó una búsqueda de explicaciones que fue más allá del resultado deportivo. Créditos: Reuters

"El peligro es que, con una simple hipótesis, se estigmatiza a una comunidad, a una sociedad. La gente tiene derecho a vivir como quiera", afirma Castrillón. El investigador recuerda que la historia está llena de ejemplos de minorías que terminaron siendo responsabilizadas por problemas sociales.

En ese punto coincide Carlos Charry. A su juicio, la religión constituye apenas uno de los múltiples elementos que forman parte de la identidad de un deportista, junto con factores psicológicos, culturales, familiares, económicos y deportivos.

Para Charry, explicar la eliminación de Brasil únicamente a partir del evangelismo simplifica un fenómeno mucho más complejo. A su juicio, el rendimiento de una selección responde a múltiples factores, entre ellos la evolución táctica del fútbol, la mayor exigencia física, los modelos de entrenamiento europeos, las decisiones técnicas y la presión histórica que acompaña a Brasil como la selección con más títulos mundiales.

Una hipótesis que abre preguntas, pero no ofrece respuestas definitivas

La teoría que relaciona el crecimiento del evangelismo con el declive del jogo bonito consiguió llamar la atención porque conecta dos transformaciones reales: el cambio religioso que ha vivido Brasil y las dificultades que atraviesa su selección desde que ganó su última Copa del Mundo en 2002.

Sin embargo, establecer una coincidencia temporal no equivale a demostrar una relación de causa y efecto.

Los expertos consultados por CAMBIO coinciden en que la religión puede influir en la forma en que las personas construyen su visión del mundo y, eventualmente, en algunos aspectos de su comportamiento dentro y fuera de la cancha. Pero también subrayan que todavía no existen investigaciones que permitan afirmar que las creencias religiosas expliquen la pérdida de creatividad del fútbol brasileño o sus recientes resultados deportivos.

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Tras la derrota, surgió una teoría que relaciona el crecimiento del evangelismo con el presente del fútbol brasileño. Créditos: Reuters

En ese sentido, la discusión parece decir más sobre la necesidad de encontrar explicaciones a una derrota que sobre la existencia de una relación demostrable entre religión y rendimiento deportivo.

Brasil se transformó en las últimas décadas, tanto dentro como fuera de las canchas. El fútbol también evolucionó y con él cambiaron las formas de jugar, competir y entender el deporte. Determinar cuánto pesa cada uno de esos factores en el presente de la selección brasileña sigue siendo una pregunta abierta. 

La teoría que vincula el crecimiento del evangelismo con el declive del jogo bonito consiguió instalar una conversación que trasciende el fútbol y refleja las transformaciones culturales que ha vivido Brasil. Sin embargo, por ahora, los expertos coinciden en que esa relación sigue siendo una hipótesis que aún carece de evidencia suficiente para explicar por qué una de las selecciones más exitosas de la historia volvió a quedarse sin levantar la Copa del Mundo.

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