EL TRASPASO DE NADA
10 Abril 2022

Ana Bejarano Ricaurte

EL TRASPASO DE NADA

Una de las tradiciones democráticas más trascendentales es el traspaso del poder entre mandatarios. Sin importar las visiones institucionales o ideologías que los determinen, los estadistas entienden que las instituciones los trascienden; que el Estado no acaba con ellos. La capacidad de comprender que se es ocupante temporal del trono es una de las más poderosas venias a la democracia. Para poder acoplarse a este sistema, es necesario contar con una cantidad importante de virtudes, o por lo menos no sufrir de insoportable vanidad o megalomanía y, por supuesto, no tener nada que esconder. 

Por todas estas razones es demasiado pedir que el actual gobierno entienda la importancia democrática del traspaso pacífico, respetuoso y generoso del poder.

La señal más obvia de que el equipo de Duque se encuentra angustiado por dejar sus sillas en el Palacio de Nariño es la ley de empalme que supuestamente buscan aprobar en el Congreso, dizque para regular este importante momento institucional. Es clarísimo que el presidente no le tiene fe a su candidato, Fico, porque la ley está pensada para pasarle el poder a los enemigos. 

En Palacio creen que Petro será el nuevo presidente y por eso han propuesto este adefesio legislativo —que viene firmado por el ministro del Interior, Daniel Palacios—, y se nota porque el texto da vergüenza. Además de los evidentes errores de redacción, de palabras repetidas, de las simplezas más tristes de presentación y redacción, el proyecto de ley (No. 392 de 2021) es groseramente inconstitucional e inconveniente. Ente otras joyas, se permite a quien entrega el poder reservarse información de seguridad nacional al candidato electo, así como imponerle al nuevo mandatario dizque la obligación de seguir con la ejecución de las políticas públicas del otro. Como si el continuismo de los programas dependiera de un articulito en una ley. 

El proyecto parece más una camisa de fuerza que un instrumento que contribuya a la transición democrática. Acuerdos de confidencialidad, actas, reuniones oficiales, firmas, hasta se atreve a decir que “el contenido del informe definitivo de empalme tendrá mérito probatorio”. ¿Merito probatorio? ¿Qué guardado tendrán entre manos? Pero es que se trata de dejar el poder, no de preservar una escena del crimen. 

Bueno: la verdad, un poco de ambos. Lo cierto es que desde todos los rincones del Estado se oyen rumores de que el duquismo anda preocupado por la llegada de Petro al poder y tiene intenciones de botar el presupuesto por la ventana, de hacer contrataciones a las carreras —incluso si se saltan un par de pasos para hacerlo— y en general de disponer de todo lo que exista para que a quienes lleguen no les quede nada.  

Los miembros del partido que nos gobierna gritan desde hace años que Petro pretende desinstitucionalizar el país de subir al poder, que nos volverá como Venezuela, pero se comportan como unos saqueadores del Estado anticipando su llegada. La cantidad de irregularidades y contratos mal firmados serán un problema de la nueva administración. Pero a la gavilla de la Sergio Arboleda no le importa, porque para ellos la función pública es la oportunidad de viajar gratis en aviones privados, de engordar sus billeteras, de pisar alfombras rojas… Lo que sea, menos la contemplación del interés general. Si llega Petro y encuentra todo patas arriba, y eso contribuye mucho más al clima de desconcierto, a ellos les da absolutamente igual.   

Por supuesto la gesta final de un mandato tan nefasto como el de Duque solo puede ser torpedear al Estado para que no funcione incluso cuando él no esté. En todo caso se les olvida que piense lo que piense el próximo presidente, seguirán existiendo las nulidades de los contratos estatales, los jueces, las demandas y gente que le haga control a la carroñería que empezaron. Y, sentados o no en el poder, tarde o temprano, tendrán que responder.

La patética Ley de Palacios no sirve para nada sino para crear suspicacias o coartadas. Pero es el guion ensayado de este gobierno de embutir leyes inconstitucionales que la Corte solo alcance a tumbar cuando el daño ya esté hecho. Pretenden traspasar el poder que no supieron ejercer. No habrá traspaso porque no habrá mucho que traspasar. Después buscan alarmarnos con que Petro acabará con la institucionalidad. ¿Cuál?, si ellos no nos dejaron nada.

Más columnas en Los Danieles

Contenido destacado

Recomendados en CAMBIO