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NO TODO ES FASCISMO, PERO ESTO SÍ

NO TODO ES FASCISMO, PERO ESTO SÍ
Ana Bejarano Ricaurte
Los Danieles

NO TODO ES FASCISMO, PERO ESTO SÍ

La semana pasada expresé acá, en el programa en vivo de Los Danieles, que Abelardo De la Espriella representa una opción fascista. Algunas personas consideran que ese apelativo es exagerado: “No todos los que no voten como tu son fascistas”; “No puedes llamar fascista a cualquiera que no esté de acuerdo contigo”; “Nada más fascista que llamar fascista a quien no piensa como tú”, me dijeron. Claro, señores, eso es cierto, el problema son las cosas fascistas que hace su candidato. Ustedes voten por el que quieran, pero sepan que no es necesario ni convincente venderlo como algo que no es. 

La campaña del Papucho es una mezcla de retazos de distintos movimientos de ultraderecha que han prosperado en otros países. La periodista Ana Cristina Restrepo señaló en su columna de El Espectador las coincidencias entre esa campaña y lo que Umberto Eco denominó Ur- fascismo o fascismo eterno: la matriz comparativa es bien convincente. 

Claro que los símbolos, discurso, propuestas y tono del candidato que vende ron son por lo menos de tinte autoritario y peligroso. Caracterizarlo como fascista puede abrir un debate doctrinario sobre lo que significa representar o no esa ideología hoy en día, pero esta semana el Papucho se esforzó para demostrarlo. 

Primero fue la captura de Beto Coral en Estados Unidos. Independientemente de su estatus migratorio, a Coral lo apresaron por hacer activismo político en contra de Abelardo De la Espriella, como lo reportó el New York Times. El mismo candidato anunció que iniciaría la purga ideológica en su cuenta de X. 

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Puede que Beto haya contrariado a muchos votantes del Papucho, pero al señor lo capturaron en la puerta de su casa por hacer campaña en contra de su candidato. Coral ha sido torturado, no se le han leído sus derechos ni tampoco ha tenido acceso a un abogado. Para el momento de escribir esta columna la ubicación de Coral es desconocida. Hace cinco días se lo llevaron. Esa desaparición de las garantías del estado de derecho ante un crítico es una actitud y amenaza de talante fascista. 

Al día siguiente, una cuenta asociada a la campaña del candidato, compartió la información del vuelo en el que viajaba el periodista Daniel Coronell hacía Bogotá para cubrir las elecciones. La estrategia es clara y ha sido empleada en otros lugares manejados por autócratas: una fuerza política se arma de milicias digitales que difunden desinformación y amenazas gracias al anonimato de las redes sociales. El mensaje también parece claro: estamos vigilando a quienes expongan las verdades que Papucho quiere esconder. 

 

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En la misma semana, el encargado principal de hostigar a la prensa en la campaña de De la Espriella, el abogado Germán Calderón España, acusó al director de la Revista Cambio, Federico Gómez Lara de ser “éticamente responsable” del asesinato de Miguel Uribe por publicar una historia sobre una cuestionable empresa de papel asociada con la campaña. El encargado de acosar periodistas no entiende cómo funciona ese oficio, porque también le pidió a Gómez: “Ya no más, suéltenlo o pruébenle jurídicamente algo” y confesó que la revista fue “perfilada” por ellos. 

 

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Doctor Calderón, los periodistas no son los llamados a judicializar a los hombres públicos como su jefe, solamente de divulgar la información que sea relevante para el interés público y por eso no es posible “soltar” a quien quiere hacerse al solio de Bolívar y mucho menos si llega a él.

Abelardo se ha dedicado a vilipendiar al periodismo y en este país eso es un buen lema de campaña. Cuando alguien en los grandes medios en los que aparece el candidato con su niñero, el señor José Manuel Restrepo, comete la osadía de preguntarle alguna cosita difícil, como su intolerancia frente al periodismo crítico él contesta que lo respeta, con excepción de unos cuantos que son activistas y no periodistas. La diferencia solo la sabe él, pero le sirve para justificar sus abusos. Es el anuncio de un régimen del terror que se instalará, si llegase a ganar. Por lo menos para quienes hemos presentado ante la opinión pública su oscuro e inquietante pasado. 

Entonces, podrán extremar los argumentos y pintar a los críticos de su candidato de fascistas por recordarles que esa es la ideología por la que están votando, pero nada de eso cambia la realidad incontestable de esa campaña que amenaza con empujar por el abismo a la mitad del país por pensar diferente. Una que promete acabar con el aborto, con la adopción igualitaria y con un montón de derechos que son producto de la Constitución que juran defender. 

La lista de actitudes totalitarias, autoritarias y, sí, fascistas del candidato De la Espriella solo crece mientras más cerca se siente de llegar al Palacio de Nariño. Puede que no todo sea fascismo, pero esto que ocurre ahora sí lo es. Y aunque seamos pocos los que sigamos investigando los temas que pretende censurar: seremos.

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