
Es la doctrina Milei: no se odia suficiente a los periodistas. Ese mensaje, que es también una declaración de intenciones y propósitos, fue escrito por el presidente argentino en el 2025 siguiendo una larga tradición de políticos autoritarios como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Nayib Bukele, Donald Trump y, en Colombia, Abelardo de la Espriella. En las últimas 72 horas, el abogado de la campaña del ‘tigre’, Germán Calderón España, ha redoblado sus ataques en contra de CAMBIO por una investigación documentada, contrastada y verificada.
Por su parte, el candidato De la Espriella, preguntado por la libertad de prensa, contesta que él no tiene problema alguno con el periodismo, sino con el activismo. Nunca ha explicado quién define quién es activista y quién periodista. ¿Los que investigan su campaña, cuestionan sus propuestas y tienen interrogantes válidos sobre su pasado son “activistas”, pero los que celebran sus ocurrencias, su desparpajo y sus salidas en falso sí son periodistas? ¿Desde cuándo son las campañas, y los políticos, los que definen qué es y qué no es periodismo?
Tengo la certeza de que el ejercicio del periodismo libre se está jugando su supervivencia en este día electoral. El manual de De la Espriella es el mismo que el de Milei: no se nos odia suficiente, no, se debe calumniarnos, amenazarnos y desprestigiarnos más y más, de manera constante y agresiva. Las reacciones del candidato De la Espriella cuando las preguntas que se le formulan no le gustan siempre tienen el mismo patrón: llamar ignorantes a los periodistas, o sesgados, o simplemente activistas que deben tener otros intereses, muy seguramente pagos. El asedio al periodismo no es nuevo —lo saben bien los colegas que le siguieron la pista al Gobierno de Álvaro Uribe—, pero sí es cada día peor. En esta semana que termina circuló masivamente una supuesta investigación de Noticias Caracol sobre Daniel Coronell. Se encargó de diseminarla en las redes José Félix Lafaurie, presidente de Fedegan y quien apoya a la campaña de De la Espriella. El canal Caracol lo desmintió en sus redes, pero ya es tarde: el daño ya está hecho y el contenido producido por Inteligencia Artificial, que incluso suplanta la voz de la presentadora del noticiero, seguirá viralizándose.
En la otra campaña, la de Iván Cepeda, no tienen nada que celebrar. No solo el Gobierno de Gustavo Petro destruyó la credibilidad de los medios públicos —convirtiendo a RTVC en una desvergonzada máquina de propaganda a favor del Gobierno— sino que el propio candidato Cepeda nunca rechazó que le hicieran campaña frontalmente y que ayudaran activamente en el desprestigio de medios que, como La Silla Vacía, publicaron reportajes que resultaban incómodos para su campaña. La supuesta investigación de Raya, financiada con plata pública, que señalaba a La Silla Vacía de ser una especie de brazo mediático de la campaña de Paloma Valencia, es también una forma a lo Milei de afirmar categóricamente que al “periodismo no se le odia lo suficiente”. Cepeda y su campaña no solo no lo criticaron, sino que lo promovieron en sus discursos y en sus redes sociales. Es bien sabido que Petro, como De la Espriella, cree que el periodismo que sirve es exclusivamente el que les sirve a ellos, a sus causas políticas, a su ego incontrolable, a su vanidad. Los colegas que, trabajando ahora en el Gobierno, han ayudado a generar estas narrativas de odio y desprestigio, han olvidado que en otro gobierno es probable que vuelvan al ejercicio periodístico (no a la propaganda, que es a lo que se dedican en RTVC), y que entonces no tendrán el derecho a criticar estas mismas prácticas. Lo lamento, pero no veo una diferencia sustancial en el respeto a la libertad de prensa en un eventual gobierno de Iván Cepeda.
No importa quién gane en las elecciones de hoy. El ejercicio del periodismo ya ha perdido.
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