#VOTEBECCASSINO
12 Junio 2022

Ana Bejarano Ricaurte

#VOTEBECCASSINO

Es fascinante todo lo que tiene que ver con estrategias de comunicación política. Combina los temas interesantes con las cosas importantes. Cuando se hace bien, se para sobre los hombros de la psicología, la publicidad, la sociología, la estadística y otras ciencias que juntas parecen brujería. A quienes dominan esta forma de medir a las masas siempre les va bien aunque a estas últimas les vaya mal. Hoy en día es una poderosa industria que descifra cómo nos venden a los gobernantes, las ideas, los deseos que marcarán nuestra vida. Siempre he creído que los verdaderos íconos de las grandes gestas políticas no son las personas al mando, sino sus estrategas; los gepettos de sus locuras. 

Desde los años ochenta, en Colombia vive un argentino que se ha dedicado a tomarle la temperatura política a la sociedad. Ángel Beccassino, un costeño de la Patagonia como él mismo se denomina, que llegó al país por el mundo de la publicidad. En 1984 fotografió unos desnudos en la Catedral de Sal de Zipaquirá, y la Iglesia católica, experta en convertir a los jueces en vehículos de censura, lo sometió a un juicio penal. Cuenta que por eso decidió quedarse. 

Beccassino es un curtido asesor político con experiencia en todas las esquinas del mundo del convencimiento. Asesoró a Juan Manuel Santos en 2014 y a Gustavo Petro en las elecciones pasadas. Ahora funge como ideólogo de Rodolfo Hernández, el opositor de su último cliente. 

Y la verdad sí es una gesta lo que hizo con el impredecible ingeniero. Beccassino supo encajar las piezas entre lo que ofrecía Hernández y lo que pedía a gritos un sector del electorado. Un viejito con look bonachón, sincero, lleno de gestos entrañables y desconcertantes. Perfecto para esparcirse como pólvora por las redes sociales. La respuesta ideal para un montón de gente cansada de pensar, de divagar frustrada por el debate político intenso. Aquella que pedía a gritos una fórmula fácil para pasarse este chicharrón. Fácil e inesperada. Porque esa gente también está hastiada de los mismos de siempre y pide algo nuevo y en ese caso el desconocido vale su peso en oro. Tal vez por eso, cuando el fiasco del saludo al papá Francisco detrás de una baranda, Beccassino aceptó el llamado de su antiguo amigo y cliente para asumir las riendas de la campaña.  

Para explicar en qué consiste su magia, Beccassino cita a Borges, a los grandes pensadores, a cualquier político de un rincón en Honduras. Habla en extenso de los réditos que se pueden obtener al “desordenar, confundir, armar caos”. La importancia de desconcertar y de pararse en todos los zapatos que caminan por el escenario electoral. Y es que para este truco encontró al mejor conejillo. 

Además, conoce profundamente al contendor. El argentino sabe cuáles son los ataques que más mella le hacen a Petro, pues se dedicó a desmontarlos y responderlos hace cuatro años. Por eso cada vez que puede repite que Hernández agotará su cuatrienio y se irá, pues sabe que el discurso que más aviva el miedo a Petro es que se quede en el poder. En esta ocasión el candidato no le alcanza y a Beccassino se le ha visto en medios de comunicación defendiendo su programa; dando versiones amables de su estrategia. Ha levantado el telón tras el cual usualmente trabaja porque el momento y el muñeco lo ameritan.  

Aunque defiende la asepsia con la que maneja su laboratorio, él mismo ha coqueteado con la política. En el pasado, Beccassino fundó el grupo político-cultural Movimiento Sísmico y por esa época publicó un libro que recogía entrevistas con Carlos Pizarro titulado M-19: El heavy metal latinoamericano. Se confiesa tímidamente de centro izquierda, y tal vez por eso se le veía más cómodo cuando defendía su gestión con Petro en 2018 que ahora como rodolfista. 

Qué absurdo. ¿Será que los votantes de Hernández están eligiendo a Beccassino? Ojalá. Bueno, a Beccassino, o a los nuevos aliados del ingeniero, o a los ministros que según explica el candidato sí van a saber las cosas que él no sabe, o a sus cuestionados hijos. Cualquiera menos Rodolfo, porque se le ve aturdido y perdido. Sus apariciones en medios son una repetición de fórmulas absurdas para cambiarlo todo o pataletas injustificadas. Por eso, antes de anunciar que se quedaría en Miami hasta las elecciones, ya había dicho que no asistiría a debates. Es hora de apagar los reflectores que empiezan a revelar las costuras.  

Es como un efecto mariposa de la política. Un joven Beccassino escribe “Dios está en todas partes, entonces debe de ser una Coca Cola”; un publicista lo lee y lo invita como copy en su agencia; y ahora, 50 años después amenaza con poner presidente en Colombia.  

¡Bravo, Ángel! Leyó la partitura a la perfección; puso el cerebro de esta sociedad rota bajo el microscopio y provocó al gato con la bolita brillante. El problema es que, si su experimento funciona, el premio es poner a Rodolfo Hernández de presidente. Y eso ya pasa por magia negra.

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