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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

El regreso de los encomenderos

Sin duda, el tema más prominente en el discurso del gobierno es la búsqueda de la paz total. No ha sido fácil entender cuál es el alcance de dicho concepto quizás porque dentro del propio gobierno y en su bancada hay múltiples interpretaciones, diversos actores y demasiado afán. Desde el primer momento se nos advirtió que aquí no cabían innecesarias disquisiciones o considerar lecciones aprendidas. Se optó por hacerlo a la Serrat, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

La paz total aparentemente tiene una estrategia de dos carriles, uno de negociación política con las organizaciones guerrilleras y otro diferente de “acogimiento” judicial para las estructuras criminales. Además, propende por un enfoque local/regional en el que las particularidades del conflicto y de la actividad del crimen organizado en cada territorio deben conducir a unos acuerdos específicos para cada espacio donde se presente violencia recurrente. Además, por primera vez, se les otorgará capacidad negociadora “humanitaria” a los alcaldes, muchos de ellos sometidos o hipotecados a las situaciones y presiones locales creadas por la guerrilla y el crimen organizado en su jurisdicción.

En el primer carril de la paz total, el de la guerrilla, se observa que a pesar de los anuncios de avances en la negociación con el ELN y Nueva Marquetalia las reacciones de esas contrapartes son más bien poco esperanzadoras. Ya empieza a sentirse la complejidad inherente a dialogar con los herederos de Camilo Torres, para no mencionar lo que conlleva hablar con el segmento más envilecido de las ex-Farc. De allí que el gobierno en la desesperada búsqueda de victorias tempranas se ha centrado en el otro carril, el de las bandas y el del crimen organizado.

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