
El fantasma de Chávez y el socialismo del siglo XXI fueron muy útiles para el uribismo. Supieron rentabilizar con mucho éxito esa herramienta electoral hasta que se agotó porque la convirtieron en caricatura y pues todo tiene una vida útil. Pero, siempre me ha parecido, más bien, que las ideas y el ropaje ideológico de este gobierno están mucho más hermanados con el kirchnerismo. Han creado enemigos parecidos, azuzan el conflicto entre clases y niveles de ingresos, tienen la misma visión de la economía y armaron una estructura política caudillista que se alimenta de un relato “histórico” y refundador.
A Cristina y Petro, declarados intérpretes del pueblo y enemigos del “neoliberalismo”, sus propuestas las moviliza una aproximación estrecha del desarrollo. Sus proyectos implican un permanente sacrificio del largo plazo por un presente efímero. Por eso Cristina Kirchner dilapidó el superávit energético que recibió al congelar durante nueve años las tarifas de energía para terminar importándola. Castigaron muy duro al sector de energético. ¿Les suena familiar?
Al igual que destruyó las pensiones al nacionalizar en 2008 todo el ahorro privado que estaba en los fondos privados, para obtener más flujo para gasto corriente. Así terminó igualando las pensiones para abajo y creando un pasivo pensional inasumible.
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