
Probablemente la decisión más compleja que el país debe tomar próximamente es la fijación del salario mínimo para la vigencia de 2023.
Por: Juan Camilo Restrepo
Es compleja por dos razones: primera, porque como la inflación sigue muy alta en 2022 es factible que este año lo cerremos con un aumento en el nivel de precios cercano al 11 por ciento. La jurisprudencia de la Corte Constitucional ha dicho que será la inflación causada del año anterior la que se tomará en cuenta para el señalamiento del salario mínimo del año subsiguiente. De manera que cuando en menos de dos meses empiecen las deliberaciones tripartitas (gobierno, centrales obreras y empresarios) para intentar fijar el salario mínimo de 2023, el banderazo con que empezarán estas deliberaciones no será menor -como van las cosas- al 12 por ciento: 11 por ciento inflación causada, y digamos 1 por ciento de incremento en productividad.
Y segunda, porque los incrementos en el precio de la gasolina, en las tasas de interés y en las tarifas eléctricas, lo mismo que el impacto de la revaluación del dólar sobre los productos y materias primas importadas, serán factores que presionarán, aún más, el panorama inflacionario dentro del cual se fijará el salario mínimo del año entrante.
No sería sorprendente entonces que cuando empiecen a barajarse porcentajes para señalar el salario mínimo se escuchen voces que recomienden ajustes en esta crucial variable de la economía del 15 por ciento, y aún más. Ya el expresidente Uribe Vélez empezó a proponer un ajuste de esta magnitud.
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