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Juan Fernando Cristo
Puntos de vista

Cero sex appeal

El Estado no es más que el reflejo del sistema político que un país tiene. Si el sistema es caótico, ineficaz y corrupto, el Estado no será distinto. Cuando la gente se moviliza en las calles, como en 2021, contra el modelo de salud, la destrucción de nuestra biodiversidad o la falta de oportunidades de educación y empleo para los jóvenes, en el fondo protestan contra la forma como funciona la política, así los ciudadanos no tengan clara esa relación. El problema es que las discusiones sobre las reformas políticas no atraen, carecen de sex appeal. La mayoría considera, en forma equivocada, que son un asunto exclusivo de los políticos. Al contrario, son tan importantes y decisivas en la vida de cada persona que no deberían dejarse solo a los políticos.

La próxima semana cumplirá su primera vuelta en el Congreso la reforma presentada por el gobierno Petro. Como todas, tiene aspectos buenos y otros no tanto. Sin duda, pasará a la segunda vuelta a partir de marzo y será el momento de la verdad para medir hasta dónde los partidos se encuentran comprometidos con un cambio profundo al sistema político, que colapsó en medio de los extravagantes costos de las campañas, el debilitamiento de los partidos y la ausencia de identidad programática. En las anteriores reformas se avanzó en aspectos puntuales, pero al momento de tomar las decisiones difíciles, que implicaban transformaciones de fondo y un cambio real en la forma en que los mismos congresistas se eligen, se esfumó la voluntad para hacerlo. Ojalá, en esta oportunidad la coalición acompañe al presidente Petro.

Lo bueno e indispensable de la reforma, sin cuya aprobación realmente no valdría la pena hacer el esfuerzo de sacarla adelante, es la lista única, cerrada y bloqueada para las corporaciones públicas y la financiación estatal total y anticipada de las campañas. La combinación de voto preferente, circunscripción nacional para Senado y financiación privada acabó con los partidos. Al convertirse la elección en un esfuerzo individual de cada candidato en lo económico y político, los partidos desaparecieron y solo se necesitan para garantizar el aval en una lista que asegure superar el 3 por ciento del umbral. Ese sistema hace imposible el funcionamiento de las bancadas, la deliberación interna y la toma de decisiones respetables y respetadas frente al gobierno. Cada senador que se elige en una campaña nacional con costos exorbitantes es un partido individual, que no se somete a las decisiones de su bancada. La relación con el poder ejecutivo es personal y clientelista. Si avanzamos hacia listas cerradas con democracia interna y el Estado financia las campañas, se rescatarán la vocación de poder de los partidos y el equilibrio y transparencia en la financiación. Una reforma sin listas únicas y financiación estatal no cambiará nada.

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