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Daniel Schwartz
Puntos de vista

El periodista noble

Colombia es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Al año, decenas de periodistas son amenazados, perseguidos, golpeados y silenciados. Aun así, el 9 de febrero, Día del Periodista en Colombia, fue más un día de celebración que de conmemoración: felicitaciones entre colegas, autocomplacencia y palmaditas en la espalda ahogaron los gritos de alerta.

Y es que el periodismo, no solo el colombiano, es uno de los gremios más autocomplacientes. Ese día, las redes sociales se inundaron con las frases más empalagosas y grandilocuentes posibles para describir una profesión: algunos dijeron que el periodismo es “el arte de informar”, cuando informar, en ninguna de sus acepciones, puede ser considerado un arte (informar es —quién lo diría— informar); otros dijeron que “el periodismo es pasión”, tal vez porque el periodista calculador y frío es menos periodista que el entusiasta. Pero quizá la más cargante de todas estas frases es, al mismo tiempo, la más común para describir el periodismo: “pilar de la democracia”, repiten sin miramiento, con la misma ingenuidad (o malicia) del ingeniero que hace gala de haber hecho los cálculos de un puente que se derrumba. “La profesión más noble”, también dicen algunos, como si la nobleza no fuera contraria a la democracia, como si no hubiera una contradicción entre ser un pilar de la democracia y autoproclamarse con un título nobiliario. O como si ser periodista fuera sinónimo de buena fe, ausencia de maldad o dobles intenciones.

Eso, sumado al calificativo de “quinto poder”, arruinó lo que pudo ser un día para subrayar los enormes riesgos que corre un país cuando no respeta a sus periodistas, para bajarse de la nube de los adjetivos rimbombantes y aceptar que se trata de un trabajo tan importante como muchos otros. Porque tener un día al año no es sinónimo de relevancia: en cualquier momento estaremos celebrando el día del probador de papel higiénico o del abrazador profesional. Pilares de la democracia también son el adulto que paga impuestos o el niño que va al colegio.

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