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Jaime Honorio González
Puntos de vista

La guerra de al lado

Asistimos, impávidos, al espectáculo de la muerte en primera fila, cómodamente sentados en nuestros sillones, bien calienticos, eso sí algo incómodos por las imágenes que nos ponen de frente contra la realidad: hay gente que están matando por allá lejos, hay familias que se acaban, hay niños que quedan huérfanos, hay viejos que morirán solos. Incluso, hay parejas que se separan. Y hasta lloran mientras se despiden. Terrible eso de la guerra, ¿no?

Otra guerra que vemos en vivo y en directo, y que –por fortuna– termina para nosotros los espectadores apenas cambiamos de canal, o en el mismo instante en que buscamos una aplicación donde podamos escoger los videos que queremos ver, el ridículo del político de turno, el pedazo de piel de la irresistible mujer, el extraño nuevo movimiento del acrobático bailarín, y así, cosas así que compensen esta tristeza y esta depresión causadas por un dictador de por allá al que se le ocurrió –de un día para otro– invadir a un pobre e inocente país y los gringos no hayan hecho nada. Tenaz, ¿no?

En Twitter hay un comentario generalizado que me parece un gran resumen para el momento, algo así como que pasamos de expertos epidemiólogos a sesudos analistas internacionales, y yo agrego con énfasis en guerras mundiales, especialización en pensamiento soviético, subespecialización en mandamases rusos y línea de investigación en presidentes salidos de Netflix, aterradísimos –cómo no– con la historia del futbolista barranquillero que juega en una ciudad de por allá, en un equipo de por allá, donde solo hay rusos y ucranianos dijo el colombiano, muy raro eso, teniendo en cuenta que juega por allá.

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