
Se comenta que el pensamiento autoritario, racista y antifeminista ya no está al margen, sino que ha penetrado en el centro de las sociedades. En el caso colombiano, en cambio, podría decirse que este pensamiento sumado al clasismo y el militarismo han sido una constante.
A pesar de que posiblemente todos los gobiernos se hayan presentado en el país como representantes del “pueblo”, lo que ha prevalecido desde arriba, aunque con diferentes grados y matices, es la promoción de un modelo político elitista y autoritario.
Tal y como lo plantea la escritora y filósofa alemana, Caroline Emcke, hoy más que nunca, una patología social, de la que no está exenta Colombia, es la de categorizar a las personas según su origen, religión, color de piel, sexualidad, físico. Sobre estas categorías y señalamientos después se legitima su exclusión y la violencia que se ejerce sobre ellos.
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