
Atrás quedaron las épocas en que los narcotraficantes, como Pablo Escobar, repetían, orgullosos, que preferían una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos. Los tiempos han cambiado y los criminales ya no piensan igual. Y aunque la extradición es una figura que ha marcado parte de nuestra historia reciente, hoy se puede decir que perdió eficacia, en algunos casos no sirve para hacer justicia y, en la mayoría de situaciones, es enemiga de la verdad.
Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, ha sido uno de los peores criminales de la historia colombiana. Narcotraficante, pero también guerrillero, paramilitar, extorsionador, despojador, asesino y violador de niñas y mujeres. Su captura, o entrega, ha sido uno de los logros y aciertos más importantes del Gobierno colombiano. Ahora el Estado debe garantizar que se haga justicia. Por eso, extraditarlo sin que antes cuente la verdad y repare a sus víctimas, sería un error.
Según Verdad Abierta, “la extradición se ha convertido en un mecanismo que a menudo favorece a los criminales con buenos contactos. Mientras tanto, el negocio de las drogas sigue intacto y floreciente”.
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