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Jorge Enrique Abello
Puntos de vista

War Circus

Solo los muertos ven el fin de la guerra. Platón.

Por: Jorge Enrique Abello

El circo tiene dos caras como casi todo sobre la tierra. Es el espectáculo más sorprendente de la historia y a la vez el más cruel, despiadado y freak de que se tenga cuenta. Almas perdidas y solitarias recreando la ilusión del hombre, para que todo el resto soñemos despiertos con la boca abierta. Y eso, queridos amigos, es lo que estamos viendo cada vez que abrimos nuestros celulares, nos despertamos con la radio o entramos en el computador para revisar las noticias de lo que algunos seres apocalípticos están denominando la Tercera Guerra Mundial.

En octubre de 1962, hace 62 años, Jrushchov y Kennedy le regalaron al siglo XX seis días de terror, mientas se mostraban los colmillos con el dedo puesto sobre el botón rojo, en lo que casi fue una vorágine nuclear por cuenta de una base de misiles en Cuba. Años después, en noviembre de 1983, ejercicios de guerra de la OTAN en Europa oriental alertaron al jefe de la fuerza aérea soviética, el mariscal Pavel Kutakhov, quien puso a la Unión Soviética en alerta máxima nuclear e hizo los preparativos para un ataque inminente. Según relatan los archivos de la NSA que se han ido conociendo con el paso del tiempo, en lo que se denominó el “War Scare 1983”.

El siglo XX y su materialismo positivista permitieron que las grandes naciones del orbe se pudieran armar con tan desmesurado poder que al defenderse, sumieran al planeta en un invierno atómico que acabara con todos las especies, incluyendo a esta “especie” de escorpiones de dos patas que para defenderse se eliminan. En una de las épocas más nihilistas de la civilización humana el hombre aprendió cómo hacerse el harakiri, pero no cómo acabar el hambre para nuestra raza, construir sociedades más compasivas para todos y paliar las enfermedades mórbidas en la infancia más desprotegida. Esos mismos hombres que construyeron a Little Boy, la bomba que detuvo por siempre los relojes a las 8:15 de la mañana en Hiroshima, para poner fin a la Segunda Guerra Mundial y que hicieron parte del proyecto Manhattan para contrarrestar los sueños atómicos de Hitler, discutieron hasta el final de sus días si su actuar fue un progreso para el mundo o lo habían empujado al abismo; “ No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, solo sé que la Cuarta será con piedras y lanzas”, anotó Einstein ante el desgarrador panorama.

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