
Colombia tiene infinidad de temas importantes entre el tintero. El debate presidencial apenas los ha tocado por encima. Las propuestas de los candidatos han fluctuado a menudo entre las vaguedades y los lugares comunes. Ya surtida la primera ronda de la elección presidencial, corresponde profundizar sobre su viabilidad, sobre su congruencia con otros temas prioritarios, y, ante todo, sobre la mejor manera de llevarlos a la práctica.
La seguridad alimentaria de los colombianos -o mejor: los nubarrones de la inseguridad que se cierne- es quizás uno de los asuntos prioritarios que el país debe abocar a la mayor prontitud. Cualquiera que sea el elegido para presidir al país entre 2022 y 2026, encontrará acá una prioridad insoslayable.
El asunto de la seguridad alimentaria ha adquirido especial preponderancia por dos razones nuevas: la primera, la disparada de los precios internacionales de algunos cereales claves en la dieta alimenticia con motivo de la guerra Rusia-Ucrania; y la segunda, el curso que ha tomado la inflación doméstica de los alimentos que, en términos anualizados, registra un incremento impresionante del orden del 25 por ciento.
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