EN LA POSESIÓN DE ABELARDO

Con un camisón talla XL, y sentado en la mesa presidencial ante funcionarios que en su mayoría ya no reconocíamos —asistentes de ministros, subdirectores de entidades, la señora de los tintos, el jardinero de Palacio—, el presidente Berto utilizó el que acaso sea su último consejo de ministros para denunciar, una vez más, el fraude que llevó a la victoria a Abelardo de la Espriella, esta vez con pruebas:
Tiene, pues, las evidencias: el pantallazo que certifica que hubo —calcula él— 848 mil votos que, al igual que el tren elevado y otras promesas de su gobierno, nunca existieron.
Sorprende, pues, que el país no se haya paralizado ante la contundencia del acervo probatorio. Sorprende, también, el camisón de jean tres tallas más grande que la suya con que hizo la denuncia: ¿la compró en Piponas? ¿Se la prestó el embajador García Peña?
Pero más sorprende que el curso de las noticias no se desvíe y el debate de la semana fuera el lugar donde tomará posesión el presidente therian que, terco como un burro, pretende hacerlo por fuera del Congreso, para dolor de quienes imaginábamos una entrada del mandatario y su fórmula presidencial, trepados en la cabina del papucho-móvil, mientras repartían besos como dos verdaderas reinas de belleza a los millones de personas que los saludarían desde los edificios de la carrera séptima, bajo una lluvia de confeti.
Y, sin embargo, el presidentigre no solo no tomará posesión en Bogotá, sino que trasladará la sede de gobierno a Barranquilla. Será su Mar-a-Lago. La duda, entonces, es qué uso piensan darle a la Casa de Nariño: ¿montarán acaso un showroom con el merchandising? ¿Una sala de ventas en la que uno pueda adquirir, libre de impuestos, botellas del ron Defensor, cajas de vino Fraternelli, los tenis amarillos de rayas negras de la campaña?
Es una alternativa. Otra puede ser montar una sede de De la Espriella Lawyers. O alquilar al menos un espacio —el salón de los gobelinos, por ejemplo— al gabinete en la sombra que pretende montar el Pacto Histórico. Me gusta la idea. Pueden repetir los ministros que más destacaron en estos cuatro años, como la autodenominada “ministra persona marica”, o el propio Armandito —en caso de que no termine enganchado en el nuevo gobierno—. Pero también ofrecer la dignidad del cargo ministerial a quienes la merecieron y no alcanzaron a coronar: un Nerú, por ejemplo. Una Juliana Guerrero. La esposa de Juan Fernando Petro, a quien su marido tuvo que hacer respetar aquella vez en que le recortaron mal las cejas.
No podrán contar, eso sí, con el senador k-poper, porque, con grandeza democrática, esta semana Iván Cepeda recogió su credencial de congresista. El software malicioso de los hermanos Bautista hizo de las suyas únicamente en la suma de votos de Abelardo: los votos de él, en cambio, fueron limpios y merecen ser representados.
La pregunta es si la familia De la Espriella trasladará no solo la sede de gobierno, sino su residencia familiar a Barranquilla, asunto que debería aclarar cuanto antes para que el presidente Berto planifique su trasteo con el rigor con que planificaba sus ejecutorias de gobierno. Regalar lo que sobra. Dejar en Palacio lo que merezca quedarse. Y trastear a la mansión de Santa Ana de Chía solamente los enseres entrañables. El sombrero de Pizarro, la espada de Bolívar. La sotana del padre Camilo Torres con la que Berto dormía en las noches más frías de su mandato. El edredón de plumas de ganso. El polígrafo de Marelbys. Puede dejar a los nuevos inquilinos la colección de diez tomos de libros gordos que legó a la historia, que nos costaron módicos trescientos millones. El último de ellos es de actividades: unir los puntos y colorear. Y acaso, también, dejar la ropita que ya no usa, por si Abelardo la quiere, como la ruana de mariposas amarillas, el mismo camisón de bluyín (que serviría también como reemplazo del edredón de plumas). O la totalidad del armario en caso de que desde agosto estrene el overol naranja de la extradición con el que lo amenazó el pastor Carlos Alonso Lucio.
Extraditar a Berto es lo que le faltaría al gobierno de Abelardo para rebullir del todo las aguas por las que tendrá que navegar con su famosa arca de Noé, que era, recordémoslo, la forma como el condenado pastor llamó al operativo de empalme que se frustró a los pocos días, después de sus declaraciones: ¡qué condenado! Ahora el nuevo gabinete tendrá que arreglárselas como pueda. Algunos deportivamente, como la hermana de Fico Gutiérrez, nueva ministra del Deporte, que hace honor al rótulo de los Nunca porque nunca ha trabajado en el ramo: su experiencia en los deportes se reduce a observar a su hermano cuando trota en esqueleto por las calles de Medellín.
También se las debe arreglar a punta de instinto la nueva ministra de Tecnología, cuyo apellido hace honor a lo que sucede con la señal de Tigo. Otros la tendrán más fácil, como el nuevo comisionado de Paz, porque el futuro gobierno desaparecerá el cargo. No quisieron siquiera disimular y nombrar al primer gato que se atravesara por el camino. Porque ya saben lo que Abelardo hace a los gatos.
El de comisionado es un cargo que hará falta para adelantar el primer proceso de paz que necesita el país, que es entre Berto y Abelardo. Resulta deprimente que ni siquiera sean capaces de saludarse de mano en el cambio de mando, pero así está el país: nos fijamos en lo que nos divide, no en lo que nos une. El Tigre y el Jaguar deberían descubrir lo que tienen en común: sus terquedades, sus implantes, el cuidado de la piel, uno con lifting, otro con bótox. Su irrespeto a la Constitución: Abelardo porque ataca el proceso de paz que la misma Constitución ampara; Berto porque la ha amenazado de forma constante con una constituyente.
Pero no sucederá. Porque el nivel del debate se rebaja como una botella de Defensor en el showroom de Palacio. Solo nos salvaría un pacto político amplio. Casi tan amplio como el camisón de bluyín de Berto.
BOLETAS PARA LA FUNCIÓN DE DESPEDIDA - EL FIN DE "EL PETROVERSO"
BOGOTÁ
Sábado 1 de agosto (8:00 p.m.) - Auditorio Orígenes de la Universidad EAN
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