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Rudolf Hommes
Puntos de vista

Credulidad temporalmente suspendida

Varios columnistas del diario El Tiempo han publicado en la semana que hoy termina artículos que me hacen pensar que Colombia no está dividida en dos como se comenta, pues hay un grupo creciente de ciudadanos, entre los que yo me encuentro, que tiene suspendida su credulidad y su confianza en el presidente electo, su equipo y también en la oposición de izquierda, liderada hasta ahora por el presidente Petro y aparentemente por Iván Cepeda a partir del 8 de agosto de este año. (Gustavo Duncan, “¿Qué tan partido en dos?”, 4/07/2026).

Muchos de los que son parte de esa nueva tendencia política votaron en blanco o por De la Espriella no por estar convencidos sino por cautela, ante la posibilidad de que un Iván Cepeda presidente condujera el país por una senda equivocada. También están los que votaron por Cepeda por la misma razón: por temor a que De la Espriella trate de instalar un gobierno como el que en El Salvador se acerca cada vez más a la dictadura de un solo hombre.

Pasada la primera vuelta se desencantaron de Cepeda los que lo vieron titubeando entre su deseo de ser presidente y la presión que recibía de apoyar a Petro en su acusación de fraude algorítmico, que parece sacada de un libro de ciencia ficción.  Hubo un breve período de tranquilidad cuando Cepeda se dio cuenta de que hacerle ‘el cuarto’ al presidente iba en su contra y después de su derrota en segunda vuelta alcanzó a entusiasmar a muchos aceptando haber perdido, pero al parecer pudo más su lealtad o su temor a Petro, y esa ilusión se desvaneció. Hoy, la impresión que domina es que desperdició la oportunidad de haber conducido a la izquierda por una experiencia de oposición democrática. confirmando el temor que teníamos los que votamos en blanco.

En El Tiempo del viernes pasado también escribió Eduardo Posada Carbó un artículo titulado ‘No saber perder y aprender a ganar’ en el que sostiene que hoy “en Colombia estamos ante un escenario de perdedores que no saben perder y ganadores que no han aprendido a ganar. Saber ganar en política es un arte que exige mucha sabiduría, sobre todo cuando el triunfo está sostenido en mayorías de margen mínimo. Ello exige más cautela y responsabilidades para quienes ostentarán el poder”.

La naciente tendencia política no traga entero. Es de ciudadanos que mantienen su incredulidad frente al nuevo Gobierno y a la oposición que va a heredar los defectos del Gobierno actual y su capacidad de hacer daño. También participan en esa nueva fuerza política los que simpatizaban con el Gobierno ahora electo o acogían con reservas a De la Espriella y decidieron a última hora no votar por él en la segunda vuelta. Por un rato, después de la elección, lamentaron no haberlo hecho, pero dejaron de lamentarse cuando lo vieron y oyeron responderle histéricamente a Cepeda su desafortunado discurso de perdedor desde un barco lleno de luces, bailarines y aparentemente de borrachines.

En ese momento, después de haber escuchado tanto al vencedor como al perdedor, mucha gente sintió que no tendría a quién acudir. Yo mismo escribí en X un tuit que decía: “siento miedo por Colombia”. Y conservo ese temor, porque el vencido va a organizar una oposición que seguramente le hará más daño a Colombia, y el vencedor se está revelando caprichoso como lo hizo Petro el día de su posesión, cuando no quiso posesionarse hasta que Duque le entregó la espada de Bolívar. Desde ese momento fue claro que ejercería el poder sin pararles bolas a reglas, costumbres o etiquetas. Pueda ser que eso no se repita ahora.

En otro artículo titulado ‘Versus’, Ricardo Silva Romero comenta con pesar en el diario El Tiempo del 17 de julio que al presidente electo no le parece suficiente “jurar a Dios y prometer al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia” en el Congreso, sino que está empeñado en hacernos padecer a los colombianos angustias, perder energía y confianza, para ir a prometer lo mismo ante las Fuerzas Armadas en un lugar inseguro del sur del país. A Silva, como a mí, nos parecería suficiente que se posesione como dice la Constitución, que cumpla con lo que va a prometer y que esté atento a no violar las leyes o a ignorar la Constitución.

Esta tercera tendencia política que está comenzando a hacerse sentir no encuentra justificable que tanto el presidente elegido, como el presunto jefe de la Constitución, estén preparados para someter al otro, a la fuerza si es necesario, y para encarcelar expresidentes, cuando lo que necesita Colombia es que no sacrifiquen otra vez el período presidencial para envanecerse en el poder, perder el tiempo y hacer daño, como ha sucedido en el actual gobierno. A lo que aspiramos es hacer prosperar a Colombia, reducir la desigualdad, erradicar la violencia y el crimen de ciudades y territorios, con prudencia y respeto de las instituciones y los derechos de la población.

En los primeros 100 días, cuando aparezca evidencia de que esto comience a suceder en pro del crecimiento, en el campo fiscal y macroeconómico, en la recuperación del sistema de salud, en seguridad y pacificación, en educación, donde la nueva ministra puede intentar un retroceso que va a ser rechazado por las mujeres, especialmente las jóvenes, seguramente retornará nuestra fe en el Estado, el Gobierno y la oposición, y entonces por un tiempo podremos suspender la incredulidad y organizarnos para participar proactivamente en política.   

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