
Me cuesta mucho no relacionar cada atisbo de coima, corrupción y robo con el legado que nos sigue dejando el narcotráfico. Desde nuestros canales de televisión privados empeñados en mostrarnos lujos mal adquiridos, muertes y red de tráfico de drogas, pasando por las noticias reales como la compra de votos de Aida Merlano y sus pulseras Cartier. Mientras que oímos las denuncias del lavado de activos por parte del prestigioso y elegante empresario Kling o el reportaje de Alfredo Molano y Guillermo Gómez, periodistas de esta revista, hablando de la mansión en un terreno de 2.517 metros cuadrados, del joven de 35 años, Luis Alberto Rodríguez, exdirector del DNP o, la red de ”Las Marionetas”, de unos y otros unidos como en una película de detectives, con hilo rojo y cuyo cabecilla sería el senador Mario Castaño. Investigación de Juan Pablo Barrientos de Vorágine. Cada una de ellas me evocan películas, cuentos, mitos y verdades del mundo del narcotráfico.
Ese relato tan de nuestra identidad, donde el afán de enriquecerse rápidamente es la única opción para destacarse, de tener poder. Todo esta exuberancia recuerdan los hipopótamos de Pablo Escobar y los regalos ostentosos a Virginia, nos recuerda que todas y todos sabemos cuántas hectáreas tiene el Ubérrimo, nos recuerda la figura del páter, ese hombre intocable, eje de la familia, incluso si no es de sangre, ese padre con varios hijos con varias mujeres, pero ante todo, ”protector y proveedor” que siempre está rodeado de varios clones de Barbies. Que de pronto colecciona algún tipo de animal exótico o ha traficado antigüedades que hacen parte del patrimonio material.
Colombia ha sido permeado por la cultura traqueta, mafiosa, mágica. La cultura de ostentar lo que se tiene, incluidas las relaciones, afectivas o políticas, poseo una relación amorosa con una exreina de belleza, poseo una relación con el presidente de la república. Poseo, poseo, poseo, y más bien parecen poseídos por un embrujo donde lo que se tiene en cuenta, más que el pensar, que el sentir es lo que se tiene. Los y las narcotraficantes, bandidos, cumplen un papel fundamental en cada lugar, dependiendo de su zona de impacto, para algunos los narcotraficantes son héroes que alcanzaron “estatus” de manera rápida, para otros, son quienes les quitaron lo poco que tenían. En ambos casos, son hombres y mujeres de a pie y políticos que se suman a los delitos del narcotráfico cometidos por la guerrilla, los paramilitares y militares cómplices .
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios











