
Hasta el jueves 9 de febrero en la mañana pudieron leer la reforma a la salud Alejandro Gaviria, Cecilia López, José Antonio Ocampo y Jorge Iván González. El presidente y Carolina Corcho la tenían bajo llave, como si se tratara de la clave de un maletín nuclear. Tres días antes de mostrársela al país se la compartieron a los pesos pesados del gobierno que en las reuniones ministeriales han expresado que lo que se está haciendo es un error.
A Alejandro Gaviria le molestó mucho que ninguna de sus sugerencias quedara consignada y todavía no existe un aval ni evaluación de impacto fiscal de Hacienda. No sabemos a ciencia cierta cuánto costará el articulado de la ministra Corcho. Este grupo de “disidentes”, como algunos los llaman en Palacio, le mandaron el pasado lunes 13 de febrero, horas antes de que se socializara la reforma, una carta de diez páginas al presidente en la que le transmiten su malestar. Por ahora, no han recibido ninguna respuesta.
A Petro se le adelantó un dilema que es probable que hubiera pronosticado que apareciera, pero tal vez no tan pronto: la división de dos bandos al interior del gobierno con posturas irreconciliables. El problema es que según se acerquen los días de la verdad, cuando el presidente deberá definir la orientación de las reformas, se le acabará el margen de tener ordenadita a toda la tropa y pondrá a prueba la paciencia de Ocampo y compañía.
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