
El monto es lo de menos. Mil millones más, mil millones menos, en un presupuesto de cientos de billones, sin duda es insignificante. Lo que es verdaderamente molesto es que el Gobierno del Cambio no corrija las malas prácticas tradicionales y el abuso del poder.
Los viajes a Panaca en el avión presidencial de Duque fueron tan graves como es el séquito de aduladores de la Primera Dama Verónica Alcocer. Así de inapropiados han sido también algunos usos de helicópteros en varios de nuestros gobiernos. La orilla política es lo menos importante, lo verdaderamente frustrante es que los políticos y sus familias sigan utilizando el poder para sentirse superiores al resto, para abusar de él.
Una de las mayores esperanzas con la llegada del “Cambio” era que por lo menos se cambiará la forma en la que se ha gobernado el país; que los cambios de fondo se evidenciaran también en las formas. Pero eso, al igual que muchas otras cosas, sigue igual: la impuntualidad, el “usted no sabe quién soy yo” y el abuso de los esquemas de seguridad del presupuesto público para tareas personales son un quiste de la clase política de Colombia.
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