
Los incendios de coberturas vegetales, sean bosques, sabanas o páramos, son muchas veces creados intencionalmente por intereses sobre el cambio en el uso del suelo y la apropiación de las tierras y bosques públicos. Colombia repite año tras año la tragedia de los incendios descontrolados y parece no aprender: ¿o no quiere?
Veamos el contexto: el año pasado se registraron las temperaturas más altas del planeta desde que se tiene un seguimiento formal. El fenómeno de El Niño había sido anunciado con meses de anticipación por la Nooa y el Ideam. El Gobierno había solicitado la declaración de emergencia climática en regiones como Guajira. Arrancó el año y los cielos empezaron a mostrar que la temporada de “verano” avanzaba en todo el territorio.
Es decir, menos lluvias, mayores temperaturas, más días consecutivos secos, inversión térmica en las noches y heladas en las madrugadas, disminución de caudales en ríos y aguas superficiales.
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