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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

De las Dimayoradas a los Panamericanos

La pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos Barranquilla 2027 sigue indignándonos a todos, más aún cuando el presidente Gustavo Petro dijo que fue por ignorancia que no se giró el pago en el plazo establecido. En la misma rueda de prensa se refirió la a empresa encargada de organizar los juegos como “Panamá Sports” y no por su verdadero nombre, Panam Sports. Esto, más allá de ser un lapsus ‒que en el gobierno de Iván Duque hubiera sido carnada para infinidad de burlas y memes– muestra la desconexión histórica que hay entre la política y el deporte en Colombia.

La culpa es de todos. Desde la Alcaldía de Barranquilla, en su momento en cabeza de Jaime Pumarejo, alfil de la familia Char, hasta el Gobierno Petro, su exministra del deporte María Isabel Urrutia y la ahora ministra Astrid Rodríguez. Ahora que se perdió la sede parece que sí hay voluntad política para organizar los segundos juegos más importantes para Colombia después de los olímpicos. Muy tarde. Tampoco se ve que alguien asuma la culpa de esta gran pérdida. En un país decente, un ministro, de verse inmerso en un escándalo semejante y con la incapacidad de cumplir con su más importante tarea, presentaría la renuncia. Pero tristemente en este momento se ve casi igual de improbable que la sede vuelva a Barranquilla, como que la ministra Rodríguez abandone voluntariamente su cargo.

Está claro que nos gusta quedar como imbéciles ante los ojos del mundo, cuanto menos, en lo que a organización de eventos deportivos respecta. Somos el pastorcito mentiroso de la planeación de eventos y hay que aclarar que el Mundial de 1986 y la Copa América de 2021 no son los únicos antecedentes por los cuales, trismente, no debería sorprendernos lo que pasó recientemente con los Panamericanos. Dice el refrán que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde y me atrevo a decir incluso que una gran parte de la opinión pública se enteró que Barranquilla era sede de los Juegos Panamericanos de 2027 el día en que dejó de serlo. Esto, sin buscar justificar la negligencia estatal, vuelve a mostrar la desconexión que se tiene con el deporte.

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