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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

El papelón de los panamericanos

Colombia es un país que se ha especializado en ser noticia en el mundo del deporte por actos extradeportivos que le hacen un daño incalculable a su imagen internacional. Hace menos de tres meses fuimos noticia por el secuestro del papá Lucho Díaz. Estuvimos en los ojos del mundo del deporte, no propiamente por las actuaciones del delantero del Liverpool ‒brillantes, por cierto‒, sino porque la conmoción mundial al ver a un jugador marcar goles y dedicárselos a su padre en cautiverio era inevitable. Más aún, cuando los secuestradores, el ELN, apelaron al eufemismo y no hablaban de secuestros sino de “retenciones”. El descaro fue tal, que aseguraron que el secuestro a Mane Díaz, padre de Lucho, había sido un “error”.

En este 2024 las malas noticias no demoraron en llegar. No había terminado el segundo día hábil del año cuando Panam Sports anunció que le quitó la sede de los Juegos Panamericanos 2027 a Barranquilla porque el Gobierno Nacional no pagó a tiempo los primeros 4 millones de dólares correspondientes a la organización de dichos juegos, los más importantes para Colombia después de los Juegos Olímpicos.

Este papelón no es de ahora. Desde 1986 Colombia ostenta el bochornoso antirécord de ser el único país en haber renunciado a ser sede de un Mundial de Fútbol, cuando Belisario Betancur anunció en la televisión nacional que ya no seríamos sede de tan magno evento porque “no se cumplió la regla de oro consistente en que el Mundial debería servir a Colombia, y no Colombia al servicio de la multinacional del Mundial”. Esto puede llegar a ser entendible, lo que no es que la gestión diplomática del entonces presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Alfonso Sénior, fuera despreciada de esa forma.

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