
La biodiversidad, los bosques y la democracia se pierden a la velocidad del precio del oro en una gran parte de nuestra Amazonia. De manera obsesiva, sigo explorando la terrible condición de la zona más biodiversa y conservada del planeta; la Amazonia noroccidental, donde confluyen seis países amazónicos incluida Colombia. Allí, un elaborado, complejo y siniestro modelo, con características económicas, políticas, armadas, sociales y culturales se viene consolidando, mientras lo que conocíamos como partes de los Estados se va derrumbando rápidamente.
Algunas de las características de este modelo, incluyen, con mayor o menor preponderancia:
La economía ilegal es más fuerte que la promovida por el Estado. El precio del oro está en el nivel más alto de la historia, animado por guerras y mercados especulativos además de jeques que compran sin saciedad y con suciedad, mientras la trazabilidad es una quimera, como lo demuestra el famoso almacén “Costco” en Washington, donde ahora se venden barritas de oro junto a la sección de chicles y chocolates sin trazabilidad alguna. Igual, la coca vuelve y repunta, creciendo en varios países, y el consumo disparado, todos siguiendo el camino al oriente del continente, coronando el África, paso previo a Europa. Caso similar al de la marihuana, que ahora consolida este corredor entre el occidente colombiano, en el Cauca, con el mercado brasilero y del sur continental, que está casi al nivel de rentabilidad de la coca. Y por supuesto, con un mercado del oro, que logra pasar tan fácilmente a la cadena de la “legalidad”, pues la gran máquina de lavado tiene el combustible perfecto para invertir millones en tierras, ganado de fachada, y otras actividades en zonas ya consolidadas de la frontera agropecuaria continental.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios













