
Ya bajaron las crecientes. Los ríos del Chocó volvieron a sus cauces y a sus niveles. Bajaron las noticias también, como es normal. Menguaron las campañas de recolección de ayudas, como debe ser. Ya todos estamos en modo fiestas y, lo que hace poco era tragedia, ahora es recuerdo.
El párrafo anterior podría repetirse tres veces en el año, después de los picos de lluvia que, incluso, tenemos la capacidad de prever. Esto no niega que las crecientes están siendo cada vez más devastadoras, no solo por los efectos del cambio climático sino por la ausencia de planeación en el crecimiento de nuestros poblados.
Aunque cada vez tenemos más información meteorológica y geológica, a las administraciones locales les ha costado incorporar dicha información a los planes de ordenamiento territorial o, si se ha incorporado, frecuentemente termina siendo un asunto de papel.
En la mayoría de los municipios del departamento del Chocó no solo hay un pésimo ejercicio de planeación, sino que se carece de la capacidad de seguimiento y control del crecimiento desordenado de nuestras poblaciones. Bajo estas circunstancias es de esperarse que las crecientes sean más devastadoras.
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