
En el debate cuya polvareda se ha levantado en estos días, el gobierno Petro argumenta que para las grandes obras públicas se debe sustituir el sistema de concesiones por el de las valorizaciones. ¿Es éste una disyuntiva válida?
Ciertamente no lo es. Poner en marcha un mecanismo de valorizaciones que sustituya las concesiones es algo bastante utópico, que no solo va a tomar un tiempo extremadamente largo para ponerse en marcha sino que generará probablemente malestares superiores a los que hoy se generan con los peajes.
Esto no quiere decir que la valorización no pueda ensayarse como un sistema complementario en la financiación de las obras públicas. Está previsto en la ley y no existe razón para ignorarlo. Lo que resulta fantasioso es presentarlo como algo alternativo a las concesiones, pues la sola puesta en marcha del rodaje de las valorizaciones tomará varios años (actos administrativos decretándolas, resolviendo recursos de quienes se opongan a ellas, actualizando los catastros y decretando las franjas a lado y lado de miles de kilómetros por donde se irrigará la valorización, etc.).
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