
El telón se levanta y aparece la abogada Tessa. Camina segura y altiva en el escenario que recrea una gran caja de archivo. Un espacio donde se refunden las historias de miles de mujeres que ven cómo pasa el tiempo y su caso es uno más en una maraña de papeles. Ella, Tessa (Teresa García), defiende presuntos victimarios sin importarle su culpabilidad o inocencia. Su único objetivo es ganar o “llegar de primera”, como dicen los abogados. Jamás de segunda. Es prestigiosa y exitosa.
De principio a fin, Cristina Umaña logra darle credibilidad a Tessa. Habita cada frase de su personaje. Los argumentos de Tessa son contundentes y voraces. Logra murmullos en el público. En el auditorio se confunde la repulsión y la admiración. Tessa no tiene límites a la hora de defender a sus clientes, porque quiere subir en la escala social y profesional. Es disciplinada, inteligente, hermosa y alegre. Una mujer que transmite plenitud y que está decidida a dejar atrás un humilde pasado. Una mujer que disfruta y vive su sexualidad.
Decir NO es NO. De pronto, en su exitosa carrera viene algo inesperado. Después de una noche de celebración, coquetería y copas, invita a un colega a su casa. Las cosas se salen de control y Tessa es víctima de violencia sexual por parte de su compañero de trabajo. Ella no es dueña de sí, y se convierte en víctima de un hecho que ella veía ajeno y lejano. Tessa se desdibuja y emerge Teresa.
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