
Casi siempre pienso en el agua, por presencia o por ausencia. Reviso constantemente cuál es el mar que tengo más cerca, visito los ríos que pasan por donde ando y a veces me detengo a leerles, como el fin de semana pasado al Támesis. El agua ha sido determinante en mi literatura, mis libros son completamente húmedos, en sus títulos, en su esencia, porque mi pensamiento lo es.
Estos días estoy en Reino Unido, entre otras cosas, promocionando mi libro Tidal Waters (Charco Press, 2024), que es la traducción de Aguas de estuario (Laguna Libros 2020) al inglés. Entre esas otras cosas me reuní con mi agente y ella aprovechó para darme el regalo de abrir los estantes de las copias de títulos de los autores que representan, de donde pude escoger sin restricciones. Salí con una colección de libros de Carlson McCullers, de Patty Smith y David Foster Wallace. Mi plan es llevarlos a Colombia, pero atada al agua como vivo, no pude aplazar la lectura de Esto es agua (Penguin Random House, 2014) de Foster Wallace. Ese discurso pequeño me acompañó de camino al Hay Festival de Gales, donde estoy invitada por primera vez y represento a mi país junto a Juan Gabriel Vásquez.
Se trata de un discurso que el autor pronunció para una ceremonia de graduación, algo común en Estados Unidos, pero que él hizo por esa única ocasión. Un discurso que resultó polémico tras su suicidio, debido a ciertas posiciones que plantea sobre la vida.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














