
Más allá de precipitar la campaña presidencial de 2026 y de demostrarnos que la corrupción sigue enquistada en la política colombiana y en todos los partidos, las recientes revelaciones sobre la manera como se robaron la plata en la compra de 40 carrotanques para abastecer de agua a La Guajira, convirtieron las corruptelas dentro del actual Gobierno en la mejor cabalgadura de quienes buscan suceder a Gustavo Petro.
Lo más visible de ese futurismo electoral, aunque no lo único, fue la decisión de la exalcadesa de Bogotá Claudia López de renunciar a su partido, Alianza Verde, tras las menciones de tres miembros de esa colectividad como presuntos copartícipes de la corrupción en la compra de los carrotanques en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNDGR).
Al hacer pública su renuncia, la exalcaldesa no puso el énfasis sobre los tres señalados integrantes del que fue su partido hasta el pasado 6 de mayo -el hoy presidente del Senado, Iván Name; el actual jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), Carlos Ramón González, y la recién salida Consejera para las Regiones, Sandra Ortiz-, sino que puso el acento en el presidente Petro y en la izquierda petrista en general.
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