
Por cuenta del protocolo, el pasado 20 de julio el país tuvo ante sus ojos, en vivo y en directo, una cruda imagen. Muy ilustrativa de la realidad política colombiana: el presidente Gustavo Petro, en la sede del Congreso, sentado en medio de los salientes presidentes del Senado, Iván Name (del partido Alianza Verde), y de la Cámara, Andrés Calle (del Partido Liberal).
Tres políticos en cargos de liderazgo, de distinto espectro ideológico, pero los tres en el ojo del huracán por cuenta del escándalo de corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), entidad de la que, según los testimonios entregados hasta ahora a la justicia, se sacó el dinero para pagarles a varios congresistas sus votos favorables a proyectos presentados por el Gobierno en la pasada legislatura. El mismo Petro hizo énfasis ese día en que la corrupción no tiene ideología.
Algunos medios de comunicación hicieron notar la ironía de esa imagen durante la instalación del nuevo período del Congreso y, por supuesto, fue noticia que el Primer Mandatario comenzara su intervención de más de una hora pidiendo perdón por lo ocurrido en la UNGRD cuando estaba en la dirección de esa entidad Olmedo López, un viejo amigo y aliado político suyo.
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