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Marta Orrantia
Puntos de vista

El nuevo dios

La cultura es el dios de los ateos. Esa frase la escuché hace un tiempo en un podcast cultural y me quedó dando vueltas en la cabeza como una afirmación certera, si bien un poco críptica. Pero hace poco, mientras releía La hija del Caníbal, de Rosa Montero, para un club de lectura, la entendí mejor.

Para comenzar, la religión da la ilusión de la eternidad, de un más allá que rompa las barreras del tiempo y nos perpetúe como individuos. La cultura hace lo mismo. Los artistas se vuelven inmortales, así su arte sea anónimo como las pinturas rupestres del homo sapiens o inmensamente conocido como los lienzos de Picasso. El artista consigue la vida eterna que se nos ha prometido, es inmortal a través de su creación. Pero aún más, ha conseguido vencer la muerte y, al hacerlo, se vuelve dios.

Como toda deidad, el artista tiene sus seguidores. Si nos gusta un pintor, vamos a los museos ―como quien va a un templo― a ver sus obras. O buscamos las novelas de nuestros escritores favoritos y, apenas las vemos en las estanterías nos apresuramos a comprarlas, buscando tal vez ese aliento de la palabra divina, la verdad, la revelación, el evangelio.

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