
Entre los economistas colombianos de diferentes escuelas del pensamiento y tendencias ideológicas en materia política, hay muchas opiniones enfrentadas. Pero todos coinciden en que la baja productividad es el principal -o uno de los primordiales- cuellos de botella de nuestra economía. Los datos de la Ocde así lo confirman: entre los 38 países que conforman esta organización que busca la cooperación entre sus integrantes para impulsar el progreso económico y social, Colombia ocupa el último lugar en materia de productividad. La nuestra es equivalente a apenas el 20 por ciento de la de Estados Unidos o a una tercera parte de la del promedio de las naciones de este grupo.
La productividad -que es la cantidad de riqueza que se puede producir en un tiempo determinado mediante el uso de recursos limitados como la fuerza laboral, el capital, la tierra y la tecnología- depende de múltiples factores. Por ejemplo, de la cobertura y calidad de la educación, de la infraestructura con que se cuenta, y de las capacidades de los administradores. Quiero concentrar mis observaciones en este último factor clave.
¿Cuáles son los lastres más pesados que perjudican la productividad de las empresas y las entidades oficiales? Me enfocaré en los lastres internos, aquellos que están bajo el control de quienes las administran. Y en particular del uso del tiempo. Colombia, según la misma Ocde, es el país donde más horas -2, 405- se trabaja al año. Pero ese gran esfuerzo no rinde los frutos que debería. Porque se pierde mucho tiempo en actividades improductivas.
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