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Velia Vidal
Puntos de vista

Casas vacías

Me causa cierto pudor esto de desmembrar un texto y usar sus frases o su título a mi antojo, para intentar explicar o referirme a algo que posiblemente no tiene mucho que ver con lo que aborda el texto en todo su conjunto. Me excuso, sin embargo, en que la literatura y en particular las palabras y las frases armadas cuando se juntan en puñados, así sean miembros arrancados del cuerpo texto que antes las albergó, son lo único que nos queda ante el horror de la vida. Casas vacías (Sexto piso, 2020) es una extraordinaria novela de Brenda Navarro que tenía en mi lista de pendientes y que al fin agarré ayer. Empecé a leerla unas cuantas horas después de haber decidido que mi primera columna de este año sería sobre el horrendo caso al que ahora nos referimos como los cuatro de Guayaquil.

Steven Gerald Medina Lajones, de once años, Josué Didier Arroyo Bustos, de catorce, su hermano Ismael Eduardo Arroyo Bustos, de quince, igual que Nehemías Saúl Arboleda Portacarrero, fueron secuestrados, desaparecidos, torturados, desmembrados, asesinados y calcinados por el Estado ecuatoriano. Ese mismo que tenía la obligación de protegerlos por ser cuatro niños, es decir, personas indefensas, vulnerables, cuya vulnerabilidad se multiplicaba por ser negros y pertenecer a familias y comunidades excluidas en términos sociales y económicos.

¡Qué alguien haya muerto por favor para no sentir este vacío!: dice Navarro en sus primeras páginas.

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