
Pasé mala noche. Me costó quedarme dormida y, cuando lo logré, tuve sueños espantosos. Nos perseguían muchos hombres de un grupo armado, decíamos que eran los paracos, pero no estábamos seguros. Los hombres tenían fusiles y pañuelos negros cubriéndoles el rostro. Finalmente me alcanzó un grupo de ellos, uno me tomó del brazo y entre todos me interrogaron: preguntaron por mi familia, mi oficio. Respondí con calma, pero me entró un miedo terrible porque sabía que alcanzarían a mi esposo y él, quizá, no iba a saber qué responder. Cuando me dejaron, aparentemente tranquilos con mis respuestas, empecé a llamar desesperadamente al celular de mi marido, pero él no contestaba. Yo repetía en voz alta lo que él debía decirles, y estaba en esas cuando desperté. Me sentía agitada y con muchas ganas de orinar.
Después volví a mi cama y dormí en aparente calma, pero esta mañana me desperté triste. Me costó levantarme con la energía de todos los días. Me tomé un tiempo, tumbada aún, para tratar de establecer qué me había llevado a ese sueño y esa angustia. Entonces recordé que anoche, antes de desconectarme e irme a mi cuarto, le pedí a la IA de X que me diera información sobre lo que estaba pasando en el Catatumbo.
Recurrí a una inteligencia artificial para informarme sobre la crisis actual de esta región de Colombia en la frontera con Venezuela, porque todo lo que había leído hasta el momento era difuso, superficial y, en algunos casos, inverosímil. Ahora, leyendo las publicaciones recientes de la Defensoría del Pueblo, veo que la IA se quedó corta y que los hechos, quizá por impresionantes, me parecían inverosímiles.
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