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Marta Orrantia
Puntos de vista

Blanca Nieves envenenada

Parece que no hubiera nada más inocuo que un cuento infantil, pero, en el mundo en el que vivimos hoy, ni siquiera Blanca Nieves se salva de morir por envenenamiento. Las feroces críticas a las que se ha visto sometida la última película de Disney son la prueba de un mundo tan dividido que hasta una historia para niños puede ser igual de explosiva que una bomba.
Todo comenzó hace ocho años, cuando se inició el rodaje de la película. El planeta era un lugar distinto, en ese entonces. No había covid, no había guerra en Israel, no estaba Trump en la presidencia y Disney era un estudio todopoderoso que, si bien hacía películas apolíticas, le había apostado a la diversidad y la inclusión.

Pero Blanca Nieves parecía estar embrujada desde el comienzo. Hubo que detener varias veces la filmación por factores externos (la pandemia, un accidente en el set, la huelga de actores) y el presupuesto se disparó. Mientras tanto, comenzaron las críticas a una cinta que estaba en proceso y que tuvo que cambiar mucho para llegar a la pantalla: que si los enanos son políticamente correctos, que si los efectos especiales son pobres, que si el vestuario es feo, que si el trailer es engañoso…

Sin embargo, tal vez a quien más han atacado los detractores de la película es a la protagonista, Rachel Zegler. Según la historia original, Blanca Nieves era “una niñita tan blanca como la nieve”, y Zegler es latina (nieta de una barranquillera, para más señas). Pero no solo el color de su piel ha sido objeto de comentarios peyorativos, sino su peluca, su actitud de diva y, por supuesto, sus comentarios políticos y feministas.

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