
Después de la elección de Trump y de la situación que él le ha creado a Europa democrática, la definición de una política de relaciones exteriores de Colombia se ha complicado. Ya no es tan fácil ni tan seguro mirar al norte y concluir que lo único que se necesita es estar en buenos términos con los Estados Unidos. Esto es lo que probablemente haría un gobierno de derecha y correría el riesgo de que cuando acuda a ellos le pregunten a nuestro canciller o al embajador qué traen en su bolsillo que le represente un buen negocio a los Estados Unidos. Esta es una situación que probablemente va a requerir buen juicio y cuidado, porque la actitud del gobierno de Estados Unidos no es gana-gana como lo ha demostrado en el caso de Ucrania.
Le han hecho una oferta que no es generosa para explotar los metales raros y otros productos mineros críticos que posee. No es claro si todos los ingresos quedarían a disposición de Estados Unidos, ni si van a invertir por lo menos el 50 por ciento en el desarrollo y reconstrucción de Ucrania. No ofrece protección contra una futura agresión de Rusia, pero si la posibilidad de una muy rápida recuperación económica. Tendremos que esperar a ver cómo culmina esta negociación tan desigual.
Lo que hay que tener presente, sin embargo, es que existen escenarios de colaboración entre Colombia y Estados Unidos que pueden ser muy beneficiosos para los dos países. Pero mientras se aclara el panorama de las relaciones con Washington, podríamos acercarnos a la Unión Europea y al Reino Unido. Enseñarles oportunidades que existen en Colombia y en la región que no se han explotado por falta de capital o de conocimientos. Pueden ser muy rentables y desarrollarían sectores subexplotados como la minería y la agricultura. También tenemos mano de obra disponible, que debe capacitarse y emplearse aquí y allá.
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