Cuando creíamos que se había tocado fondo con la putrefacción y los escombros que dejó la corrupción del Grupo Nule, una auditoría de la Contraloría Municipal de Cúcuta confirma lo que muchos sospechaban: la descomposición de las empresas que creó esa familia no solo sigue viva, sino que ha mutado en un monstruo más grande y voraz que dejará un billón de pesos en pérdidas.
Así va la historia. En 2006, la capital del Norte de Santander entregó su sistema de acueducto y alcantarillado a una compañía en ese momento del grupo empresarial de los Nule. El operador: Aguas Kpital Cúcuta S.A. ESP. El contrato: el número 030. La promesa: modernizar el servicio, mejorar la cobertura, asegurar la continuidad y garantizar calidad de vida. Una gran promesa y un contratazo.
El acuerdo fue pactado inicialmente por un plazo de 15 años y 6 meses. Sin embargo, si el operador cumplía con ciertas condiciones técnicas, especialmente la reducción del Índice de Agua No Contabilizada, o IANC, y la ampliación de la oferta de agua potable en al menos un metro cúbico por segundo, podría extenderse por cinco años más. Esas condiciones nunca se cumplieron. Nunca. Aun así, la extensión se otorgó gracias a la falta de vigilancia y a la complacencia de la interventoría y la supervisión. Donde hay aguas turbias, los Nule flotan. Presuntamente.
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