
Se nota el desespero del Gobierno con la situación fiscal que cada día que pasa se sale más y más de control. Se le ve muy preocupado –sobre todo el ministro de hacienda–, pero no hacen mayor cosa para tranquilizar las aguas.
Lo que viene sucediendo con los anuncios de la reforma tributaria es patético y aleccionador. Primero dijo el ministro que no había ambiente político para una nueva reforma tributaria en 2025. Inmediatamente, Petro lo contradijo anunciando que sí la habría, a lo que debió plegarse el ministro Guevara en una primera instancia. Pero esta semana, ante la evidencia de que no hay ni tiempo ni votos para impulsarla, volvió a la realidad. Y reconoció que en 2025 era muy improbable que hubiera una nueva reforma tributaria. Se conforma con los 3 billones de pesos de los tributos que se recaudarán para la conmoción interior del Catatumbo.
Pero claro: tantas vueltas y revueltas en materia tributaria, tantas idas y venidas, son pésimos mensajes para una comunidad internacional cada vez más incrédula en la seriedad y en la sostenibilidad de la política fiscal. No en vano, la agencia Fitch Ratings colocó nuevos signos de escepticismo a la política económica de Colombia esta semana.
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