
A pesar de las denuncias, las pruebas y la presión ciudadana, el 'negocio pinchallantas' reapareció en el mismo lugar de siempre. Lo advertimos y, como era de esperarse, las autoridades fallaron otra vez.
Por: Luis Alberto Arango
El pasado sábado 12 de abril, un padre y su hijo de 15 años transitaban desde el occidente de Bogotá hacia el oriente, rumbo a un funeral. Antes de subir el puente de la Calle 80 con Avenida 68, fueron sorprendidos por una escena que ya había sido denunciada públicamente: un motociclista se les acercó, miró al joven con frialdad y, tratando de pasar desapercibido, dejó caer al piso un objeto metálico afilado. En la maniobra alcanzó a rozar y golpear levemente el automóvil. Luego se alejó, no sin antes devolver la mirada a los pasajeros y esbozar una sonrisa perversa. El hijo, con esa lucidez que comienza a afianzarse en los adolescentes, comprendió de inmediato que algo malo había sucedido.
La llanta se desinfló después de pasar sobre el objeto afilado. Pero, afortunadamente, tanto padre como hijo conocían la historia. Sabían que justo en ese punto de la Calle 80 con Carrera 64 opera un montallantas que fue cerrado por las autoridades apenas en febrero pasado, tras la difusión de un video que expuso la modalidad delictiva de forzar pinchazos mediante esta técnica, para luego extorsionar a los conductores con reparaciones costosas, como lo conté en una columna anterior publicada el 22 de febrero, titulada “Qué negocio tan pinchado”.
Lejos de detenerse allí, arriesgaron el rin y la llanta, y continuaron el trayecto hasta llegar a otro montallantas cercano a la Avenida Caracas, donde fueron atendidos sin abusos ni engaños. El técnico que los ayudó fue claro: “Esa modalidad volvió hace pocos días. Estuvo inactiva como un mes”. La estadística es lapidaria. Ese mismo día, otra persona que se dirigía al mismo funeral sufrió un pinchazo exactamente en el mismo lugar. No se detuvo, cambió la llanta por su cuenta y buscó ayuda en un sitio de confianza. Dos víctimas, dos destinos iguales, un mismo lugar: esto no es mala suerte, es reincidencia delictiva. Es la prueba de que la modalidad delincuencial ha regresado al sitio que fue cerrado, temporalmente, y ahora opera como si nada hubiera pasado.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














